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Por estos días, el augurio presidencial conocido en 2015, respecto a la sencillez para solucionar el problema inflacionario, es blanco fácil a la hora de la crítica, ni siquiera es hacer leña del árbol caído, aún en cuatro años la metáfora afín al escenario infiere que el árbol se fosilizó.

Sin embargo, los datos duros no escarmientan la estrategia comunicacional del gobierno y el jefe de Estado asevera que el incremento sostenido de precios se potencia por cuestiones culturales. Provoca desde candor u otras sensaciones que tanto él como funcionarios nacionales, provinciales o comunales interpreten la realidad como comentaristas de novedades, superpoblando el ya exiguo universo del periodismo.

Es así que vale considerar cierto revisionismo sobre pasado reciente, sin googlear, repetir ni soplar aparecen otras reflexiones en cuanto a empleo, pobreza y gasto social. Para este último ítem, una erogación que la Casa Rosada y ministerios prefieren definir desde que comenzó la sucesión de tormentas económicas como "inversión social".

En foco ampliado, cuando los despidos arreciaron sobre el mapa electoral del país, hubo quien/quienes profetizaron alternativas como las cervecerías artesanales, el pilotaje de drones, los bicivoladores del delivery u otros rubros de labor. Nadie discute que el mundo del trabajo está cambiando sin frenos, pero vulnera la capacidad instalada máxima de sorpresas, que hasta el entonces ministro de Trabajo Jorge Triaca invitara "a ponerse en el lugar" de los empresarios que deben decidir cesantías.

Aún en la mensura del universo pyme, la propuesta del ex funcionario asomó arriesgada o desafinando el tiempo y el compás. Algo más que un detalle se aprecia en cuanto a que desde hace tiempo la producción cervecera artesanal haya logrado algún aliento, empero, el discutible brote verde contrasta con un dato duro de la economía, que resaltan hasta los médicos pediatras: "Se mantiene el consumo de cerveza, pero hay menos niños tomando leche".