Las personas mayores no deben ser tratadas como invisibles o impotentes, sino reconocidas por sus diversas experiencias y las múltiples formas en las que están contribuyendo a superar esta crisis y todas las que sufrimos en otros tiempos.

Leyendo unas declaraciones del Papa Francisco he decidido transcribir sus palabras, que espero incomoden a todos aquellos indolentes que, en este país, miran a los viejos como desechos sociales, hasta el punto de la crueldad.

Esto decía: “Gracias a los progresos de la medicina, la vida se ha prolongado: ¡pero la sociedad no se ha prolongado a la vida! El número de los ancianos se ha multiplicado, pero nuestras sociedades no se han organizado suficientemente para hacerles lugar a ellos, con justo respeto y concreta consideración por su fragilidad y su dignidad.

Mientras somos jóvenes, tenemos la tendencia a ignorar la vejez, como si fuera una enfermedad, una enfermedad que hay que tener lejos; luego cuando nos volvemos ancianos, especialmente si somos pobres, estamos enfermos, estamos solos, experimentamos las lagunas de una sociedad programada sobre la eficacia, que, en consecuencia, ignora a los ancianos. Y los ancianos son una riqueza, no se pueden ignorar".

Yo creo que una sociedad civilizada debería juzgarse por cómo atiende y trata a los adultos mayores. Hay quienes saben respetar la experiencia, los conocimientos y la sabiduría de sus ancianos y quienes no se preocupan por nuestros adultos mayores. No piensan que algún día también llegaran a viejos y van a querer ser respetados; pero ¿saben qué? El respeto se gana.

En el mundo se está prolongando la edad de vida, los estudiosos presentan el siglo actual como el siglo del envejecimiento: los hijos disminuyen, los viejos aumentan. Este desequilibrio nos interpela, es más, es un gran desafío para la sociedad contemporánea. Sin embargo, una cierta cultura del provecho insiste en hacer ver a los viejos como un peso, una “lastre” y no como un recurso. 

No sólo no producen, sino que son una carga. En fin, ¿cuál es el resultado de pensar así? ¿Hay que descartarlos? ¡Es feo ver a los ancianos descartados! ¡No nos atrevemos a decirlo abiertamente, pero se hace! Hay algo vil en este acostumbrarse a la cultura del descarte. Pero nosotros estamos acostumbrados a descartar a la gente.

Vemos cómo día a día crece en nuestro país la indigencia en los adultos mayores y nadie hace nada. ¿Cuándo nos volvieron inútiles a los precursores de la sociedad argentina? ¿En qué momento se olvidaron de sus padres y abuelos? ¿Cuándo dejaron de escuchar sus recuerdos, anécdotas, historias, épocas inmemorables de nuestra sociedad y de su participación en dichos hechos?

Señores, esto les debería hacer pensar lo que pasará con ustedes cuando lleguen como nosotros. Seguramente harán que ustedes están haciendo con nosotros que nos tienen olvidados, desechados como un artículo viejo que nadie quiere o necesita.

La edad avanzada no implica pérdida de derechos, ni tampoco infiere que debe haber un trato diferente. Los adultos mayores son sujetos activos y con potencial a desarrollar en diversas actividades. Deben vivir en condiciones dignas y disfrutar de su autonomía e independencia. Pero sepan que nosotros, los adultos mayores, en diversas condiciones mantenemos relaciones familiares, de amistades, institucionales, que nos dan una base de sustento para poder emprender nuevos desafíos y proyectos vitales, volcando todo nuestro potencial en la realización de los mismos. Y que quede bien claro que seremos pasivos de haber dejado un trabajo, pero todavía seguimos muy activos para hacer cosas en esta vida.

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