@alicia_barrios
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Sin precedentes. La previa de la visita de Francisco a Chile se registró como el primer lugar que mostró violencia. Cinco ataques a iglesias con bombas incendiarias a pocos días de su llegada y la toma de la Nunciatura, que es el lugar donde se alojará el Papa, son una muestra de lo que puede unos grupos sin control. También, de la falta de autoridad de quienes tienen a su cargo la organización para recibir a Su Santidad.

Fogoneados por no pocos medios de comunicación, llevaron adelante esta protesta contra los millones gastados por acoger al papa Francisco. Ignorantes al fin, desconocen que la inversión -en este caso, seis millones de dólares-, que se hace en diferentes países para estos eventos, se quintuplica por la cantidad de fieles que convoca. Sin duda, estos grupos que mostraron fuerza dejaron al descubierto la precariedad, de todos quienes no son ellos, léase pueblo de Dios, que esperan a Bergoglio con esperanza, ilusión, amor incondicional. Fe.

La agenda

La elección de los lugares adonde va a ir Francisco indica los ejes de su visita que, a no dudarlo, son tres: la lucha por una mayor igualdad, en Santiago; la lucha de la Iglesia en favor de los pueblos originarios, en La Araucanía; y la prédica a favor de los migrantes, en su viaje a Iquique.

Nadie puede saber qué hablará con el clero seglar, en su reunión con los obispos y en el posterior encuentro con los jesuitas. Tampoco se puede saber si mencionará los temas con los cuales hace tanta alharaca la prensa chilena, como la pedofilia (en Osorno), el gasto público (en Santiago), las voces disonantes de las minorías indígenas u otros.

Hay que tener una cosa clara, nadie es capaz de vencer el coraje del papa Francisco, ni desafiar su capacidad de aguante para sobrellevar las dificultades que la misma predicación del Evangelio provoca. Nadie le fija la agenda. A simple vista, lo que se ve es que la derecha eclesial y política pretende barrer con el mundo popular. No podrá impedir el diálogo del pastor con su Iglesia.

Sin duda, por más que los grandes multimedios, en manos de la derecha liberal, quieran acallar la voz profética de Francisco, no van a poder con él.

En medio de este marco hostil, más de un millón y medio de argentinos, más paraguayos, bolivianos, brasileños y de otras naciones fieles a la Iglesia de Cristo van animándose, sin bajar la bandera, a cruzar la cordillera.