"Lo que buscamos es llamar a todos a unirnos atrás de decir la verdad, porque no hay atajos ni soluciones mágicas". La frase corresponde al jefe de gabinete, Marcos Peña, quien la última semana realizó diversas apariciones públicas para defender el rumbo económico y criticar a la oposición.

El hombre de mayor confianza del presidente Mauricio Macri descartó que haya en el oficialismo un problema económico, aunque reconoció dificultades en bajar la inflación. Más allá de eso, el optimismo que suele caracterizarlo en el plano electoral está casi calcado en su mirada de las finanzas. Lo cierto es que, pese a defenderlo públicamente, Cambiemos buscará un volantazo durante el año electoral con el que reclamará, precisamente, el apoyo a esa política de ajuste que intentará tapar.

Algunos destellos ya se vieron: volvieron -como en 2017, otro año de urnas- los créditos de Anses para jubilados y pensionados; la suba de la AUH anunciada del 46% blindó de la inflación a un sector que dedica todos sus ingresos al consumo; se suspendió -hasta después de los comicios- una parte del tarifazo energético.

Suele decirse en la teoría económica que durante los años pares la política hace los ajustes que precisa para en los impares (de elecciones) volver a exacerbar el gasto público y los subsidios, para dar sensación de bonanza a la población. Para demostrar lo ilógico de las decisiones, el fin de semana se publicó un informe imperdible en el sitio web del canal TN: allí se explica que subsidiar el alivio en la factura de gas -se pospuso hasta fin de año la mayor parte del aumento ya anunciado- cuesta $4.500 millones. El 74% de ese fondo sale de un ajuste de $3.400 millones en el programa Hogar de Garrafas, que se congeló.

Una remake económica de la cita atribuida a Groucho Marx: "Estos son mis principios, y si no le gustan tengo otros".