@alejandroolmos 

Diego Armando Maradona nació en 1960 y murió a los 60 años. Como una perspicaz profecía, el número 60 se llevó al más grande de los futbolistas. El Pelusa criado en Villa Fiorito logró ganar un Mundial; en pocas palabras, tocó el cielo con las manos. El Diego se convirtió en leyenda.

Cuánta difamación hacia Diego, cuántas personas se enojaron con su actuar y cuántos se rasgaban las vestiduras señalando al Diez como el mismo diablo. Pero ¿realmente somos jueces en esta vida? ¿Quién nos da la autoridad para defenestrar a Maradona por sus conductas?

Detenemos el tiempo, miramos hacia atrás y nos preguntamos: ¿qué hicimos como sociedad?, y aparece la grieta maradoniana: los que lo aman y los que lo odian. ¿Alguna similitud con lo que es hoy la Argentina? La dualidad es moneda corriente en el pensamiento argentino.

Es blanco o negro, bueno o malo, Buenos Aires o provincia, peronismo o macrismo. Pero nunca tuvimos una mirada diferente, alguna para comprender qué le estaba sucediendo a Diego. Amigos y mánagers que se le acercaban sólo para comer las "migajas" que dejaba la fama por estar con el ídolo.

Maradona nos invita a observarlo desde otro lado, ¿tal vez llamaba nuestra atención pidiendo ayuda? Ya es tarde, pero tal vez nos ayude a observar al prójimo desde otro lado. ¿Realmente lo ayudaron quienes estuvieron a su lado? Son incógnitas que Diego seguramente se llevó a otro mundo.

¿Por qué nos costaba tanto entender a Maradona? Sus excesos, su humanidad. Pero sí entendíamos muy bien cuando Maradona salía a la cancha y acariciaba la pelota con sus pies. Todos tenemos algo que hacemos un poco mejor o en lo que nos destacamos, pero luego está el ser, el humano, y es ahí en donde hay que trabajar.

Nadie nos enseñó cómo manejar las emociones, es una carencia que en la actualidad pareciera estar un poco más de moda. El héroe que logró quebrantar con la mano a los ingleses un 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca de la Ciudad de México, ese mismo hombre que ahora  hace llorar a millones de personas en el mundo.

Diego Armando Maradona logró traspasar las barreras del odio, transformando el fútbol en amor. Pero también logró que lo maldijeran por sus actos desordenados y llegaran a odiarlo. Maradona provocó que lloraras sin parar, sin saber qué realmente te estaba sucediendo. Así quise homenajear a Diego, con sus tres "D" (Diego, Diez y Dios): DIEGO (el hombre) porque vivió lo más humanamente posible y así fue ovacionado y criticado; el DIEZ (el futbolista) porque logró gambetear, hacer goles, ganar la Copa del Mundo y convirtió el fútbol en una religión, donde sus fieles necesitaban a quien adorar, y allí surgió D10S.

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