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La cinematografía en su variante apocalíptica no redundó en las desventuras de la jubilación. Al menos no en proporción directa a lo que tal fenómeno amerita. Algunos podrán citar la versión fílmica de la novela de Adolfo Bioy Casares “Diario de la guerra del cerdo”, pero sucede que nuestra historia suele devenir en fenómenos donde la realidad le saca varios cuerpos a la ficción más cruel.

El cálculo base para que un crecimiento económico del 2% determine 10 pesos de mejora para los trabajadores que cumplieron su ciclo productivo o de servicios, es más que un dato duro, se asemeja al capítulo más letal. Así se desprende del proyecto de reforma previsional que el oficialismo envió al Congreso, donde tras el reclamo de diversos sectores porque la jubilación se iba a ajustar por inflación, el gobierno prometió “un ajuste mayor que el índice de Precios al Consumidor”.

Dirán que todavía esa imposición no fue aprobada por el Congreso, pero sin embargo asoma conveniente dejar alguna esquela de alerta. Sin alarde de ingenio alguno aparece hoy vigente la imagen de la dirigente Norma Plá en sucesivos reproches públicos a funcionarios, de recorrida mediática o empuñando las mismas barreras con las que se fortificó el Congreso ante las demandas de la mal llamada “clase pasiva”, está fresco en la memoria más allá del paso de las décadas.

Incluso en algún pizarrón de cuentas, en cursos sobre economía para periodistas, donde las sumas, restas, multiplicaciones y divisiones concluían en que, desde los números, proveer a los jubilados de ingresos y beneficios acordes con lo que ellos aportaron en horas de labor y mística era inviable.

Es decir, en el mismo rango crítico para energías no renovables, llegará a corto plazo el momento en donde los trabajadores activos no podrán “remolcar” a quienes los antecedieron. Surge entonces la necesidad de equilibrar al menos la ecuación, desde el principio del rol del Estado.

Y no como mero sello de legitimidad institucional sino desde la misión indelegable de proteger, acompañar y ayudar a sanar a quienes brindaron su trabajo para familiares, semejantes y el país mismo en tiempo y forma. En su momento, ellos lo hicieron por el resto.