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@MarianoBoettner

El presidente Macri concretó esta semana su segunda incursión en la meca del sistema económico mundial en busca de inversiones. El Foro de Davos, una ciudad de apenas un poco más de 11.000 habitantes, una vez por año se abre para que presidentes y primeros ministros se vean las caras con los hombres más ricos del planeta, disertar sobre la pobreza en el mundo (como si eso bastara) y cerrar acuerdos.

El objetivo suena notable, si no fuera porque el pronóstico meteorológico inversor del gobierno nacional viene anticipando una lluvia desde hace dos años que todavía no llegó. Sólo como muestra: según estimaciones privadas, se anunciaron proyectos de inversión por 103.000 millones de dólares, de los cuales se concretaron 6.000 millones.

Va de nuevo: de cada 100 dólares prometidos entraron sólo seis. ¿Eso quiere decir que nadie puso plata en Argentina desde que cambió el gobierno? Claro que no, hubo y mucha, pero las inversiones, a la luz de los datos, estuvieron en su mayor parte dedicadas a lo que hoy otorga más ganancia en nuestro país: prestarle al Estado.

Las inversiones financieras, por eso, aumentaron el año pasado 545% respecto de 2016. El dato no dice nada si no se lo compara con la cantidad de dólares que entraron para proyectos productivos, de los que dan trabajo: fue 6% más baja. Forma parte de una serie de errores de cálculo de los funcionarios, dicho por, hasta hace poco, uno de ellos: “Tu sola presencia va a generar una lluvia de dólares”, supo decirle Carlos Melconian.

Por ahora, a los inversores les parecen insuficientes las reformas que llevó adelante Macri, y presionarán por la laboral y tributaria. Para muchos sectores de la sociedad, el costo de sacar el paraguas y esperar las inversiones puede llegar a ser muy alto.