Pichetto, entre la lealtad y la traición. 

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@JavierCarrodani  

El jefe de la bancada de senadores nacionales del PJ-FpV, Miguel Pichetto, le marcó ayer la cancha a Cristina Fernández de Kirchner al advertir que si -como todo indica- ella ingresa en la Cámara tras las elecciones del 22 de octubre, deberá armar su “propio bloque” en lugar de integrar el que él preside. El argumento de Pichetto es que Cristina “decidió formar un partido nuevo”, en alusión a Unidad Ciudadana, por fuera del Partido Justicialista.

Eso debería corresponderse en el Senado con una bancada aparte, en la que recalarían legisladores que se identifiquen más con el antiguo Frente para la Victoria (FpV) que con el justicialismo tradicional. Más allá de que se produjo un claro distanciamiento entre Pichetto y CFK, luego de la derrota del FpV en las elecciones presidenciales de 2015, no puede soslayarse que se trata de un caso -como otros tantos- de dirigentes que durante muchos años cerraron filas en defensa de un gobierno y de un proyecto y luego se enfrentaron de modo casi brutal.

Recuérdese que en la escucha de una conversación telefónica privada entre Cristina y su colaborador Oscar Parrilli, se oye a la ex presidenta calificar al dirigente rionegrino de “traidor”. La réplica de Pichetto quizá sea lógica para un político, pero no la más aceptable para un ciudadano al que representa.

El senador recordó que actuó “con suma lealtad” durante los 12 años de gobierno kirchnerista en que condujo el bloque de senadores oficialistas. En tanto, en su discurso de la sesión de 2016, en la que apoyó la ley que habilitaba el pago a los fondos buitre, dijo que -como ya no era jefe de un bloque oficialista- había “recuperado la capacidad de decir lo que pienso”, con lo cual dejó mal parados -además de a sí mismo- a Néstor Kirchner y a Cristina, quienes le habrían quitado en su momento esa potestad.

A riesgo de parecer naif, cabe preguntar: ¿cuándo se fijó esa regla no escrita de que ser oficialista impone renunciar a ver con criterio propio las medidas y los lineamientos de esa gestión? Aceptarla suena a ser desleal hacia las ideas y convicciones personales, es decir, a uno mismo.