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En el popular ejercicio del "paso a paso", el reciente freno a la corrida con bonos por 3.000 millones de dólares fue destacado por el gobierno nacional como una correcta ingeniería financiera, que a su vez determinó un moderado optimismo por parte del presidente Mauricio Macri y funcionarios.

Aún en sintético análisis corresponde acotar que, según estiman diversos especialistas en economía, en semanas más habrá otros desafíos semejantes en la defensa del peso y su salud monetaria. Siempre en velocidad crucero, "paso a paso" al fin, la superficie social que sobrevive en el escenario del país requiere no obviar ni demorar un detallado control de daños.

Lo sugieren las variables que se detonaron durante las últimas semanas en sectores clave con una economía dolarizada en puntos apreciables del mercado y sobre productos indispensables para la canasta básica, los combustibles, medicamentos y servicios, entre otros.

A tal enumeración corresponde agregar el deterioro salarial y la merma del poder adquisitivo, va de suyo que incluimos jubilaciones y pensiones. Su mensura interanual define que salarios y beneficios sufren más que un efecto goteo. La reflexión compete a un escenario que va más allá incluso de la discusión y porcentajes paritarios del año o su reapertura.

Si las pautas inflacionarias eran "imposibles" de cumplir, como ahora admiten en el gobierno, tal aseveración colisiona casi frontal con los anuncios del 28 de diciembre pasado. Desde ya que se asume la no existencia de coaching, alquimias ni magia para corregir otros males robustos en décadas y que sumergen al país en su visión más federal, pero el compromiso soberano de ejercer el mandato del electorado infiere acciones precisas más allá de globalización o regionalización de cuanto resorte tenga dinámica en la economía abstracta, quizá la menos aconsejable si de cobijar el capítulo social se trata.