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@AnaliaCab

Hace un tiempo ya que los debates y la dialéctica se convirtieron en el único contenido que trasciende. Aunque suene paradójico, cuánto más cruenta sea la discusión, más puede instalarse un tema, lo que no significa siempre que el tópico se resuelva o alguien cambie de opinión. Basta recorrer Twitter o ver las opiniones volcadas en los portales de noticias para comprobar que lo importante no es la conclusión, sino la guerra de argumentos.

Entonces, pasamos nuestras horas, días y semanas discutiendo -creemos- la política y la economía, pero nada cambia de verdad. El cruce entre María Eugenia Vidal y un grupo de guardavidas, que le realizaron un piquete en Mar del Plata, cuando se disponía a inaugurar las playas públicas, fue ayer el tema del día.

Los manifestantes reclamaban la reincorporación de ocho compañeros para cubrir puestos en playas, y para captar la atención de la funcionaria, se colocaron frente a su vehículo. La gobernadora se bajó y entabló un diálogo que fue ganando temperatura.

Sin embargo, casi nadie se acuerda del reclamo y no sabemos qué pasará con él. Quizá, como no sucedió en el vapuleado centro porteño, no tenga tanta relevancia. Lo importante es “lo que se dijo de”. Que “Heidi” no es tan Heidi, o que Vidal tuvo un gran gesto al ponerse cara a cara con los manifestantes generaron su contrapunto: “Heidi” en realidad se comporta como una mafiosa y charlar sin intermediarios con quienes tenían algo que pedir, en realidad, es una puesta en escena para mostrar a la gobernadora como una mujer que sabe “manejar” a los gremios rebeldes.

Todo puede ser. Pero teniendo en cuenta que Vidal es, le guste a quien le guste, la funcionaria con mejor imagen pública -a fuerza de mesura en sus presentaciones pública y en la demostración de una lealtad sin fanatismos-, esta nueva costumbre argentina de discutir formas en lugar de contenidos parece beneficiar a la mandataria, hoy por hoy casi la única que tiene chances presidenciales en un escenario difícil para el gobierno de cara a 2018.