Por Esteban Godoy Vallejos
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@egodoyvallejos

El presidente Mauricio Macri culmina su viaje de dos días y medio a Nueva York, con un saldo positivo en lo formal y comunicacional, y neutro (o negativo) en el aspecto económico.

El líder del PRO mantuvo reuniones con los principales CEOs de muchas de las empresas más grandes del mundo. En esos encuentros, el mandatario explicó su programa de reformas y, una vez más, contó las bondades de nuestro bendito territorio.

Macri pareció más bien un buen agente inmobiliario, destacando las buenas cosas que ofrece la Argentina, que un estadista en diálogo con gente de negocios al más alto nivel. Remarcó varias situaciones bien conocidas por cualquier hombre de mundo: las "grandes oportunidades" para los inversores en la agroindustria e infraestructura, y los "excelentes recursos humanos y los enormes recursos naturales" que tiene la Argentina.

También, señaló que "hay grandes oportunidades con la explotación de litio, el mineral que será el más demandado a futuro", algo que se sabe hace mucho tiempo.

Hay que entender con quiénes habló. Ejecutivos que buscan las mejores alternativas para poner el dinero, señores que cuando el presidente de un país como el nuestro les habla de invertir, de inmediato piensan en el atraso cambiario, en el alto costo laboral e impositivo de esta nación.

Y ahí es donde las buenas intenciones del ex jefe de gobierno porteño chocan contra la realidad: con su mentada reforma laboral e impositiva, los costos seguirán altos. Eso es lo que concluyen estos empresarios.

Como ocurrió en otros viajes a Europa, por ejemplo, Macri se mostró optimista e incluso aseguró que los dólares (o euros) vendrían pronto a la Argentina. Pero es sabido que eso no sucedió. En el epílogo de su estadía en la Gran Manzana, todo indica que el resultado será el mismo.

Aunque para no ser tan agoreros, hubo una promesa de Stephen Ross, un reconocido desarrollador de bienes raíces, con proyectos a nivel mundial, incluyendo uno en Puerto Madero: manifestó su interés por organizar un superclásico Boca-River en Miami.