Basta de hipocresía. Ahora no le echemos la culpa a los gobernantes de turno. Asumamos nuestros errores como sociedad. Admitamos que el maltrato y el desinterés de una buena parte de la sociedad argentina por nuestros científicos es algo que viene desde lejos.

Cuando en septiembre de 1994, el superpoderoso ministro de Economía Domingo Cavallo le dijo a la científica Susana Torrado que se “vaya a lavar los platos”, frente al reclamo de mayor presupuesto para la investigación, no fue un escándalo. El gobierno de Carlos Menem dejó agonizar al CONICET y desinvirtió en ciencia durante todo su mandato. Y en 1995 casi el 50% de los argentinos votaron por él y por Cavallo, encandilados por el uno a uno y los productos importados.

Los cuatro años de administración de Mauricio Macri fueron de sufrimiento para los científicos. Los institutos del CONICET dejaron de recibir el dinero suficiente para funcionar eficientemente; se frenó la construcción de infraestructuras; se desmanteló parte del Malbrán; se redujeron los ingresos a carrera por lo que se incrementó, como contrapartida, el número de jóvenes desempleados con doctorado y posdoctorado, y se reabrió la fuga de cerebros al exterior. Para cerrar este paquete con un moño, el Ministerio de Ciencia y Tecnología fue degradado a Secretaría. Sin embargo, a Macri lo votaron casi 11 millones de argentinos en las últimas elecciones.

Muchos de estos ahora asisten con admiración al trabajo de los científicos de Malbrán y del CONICET frente a la pandemia de coronavirus. No hay país posible sin educación de calidad, sin ciencia y sin tecnología. Todo esto debe ser apoyado por políticas públicas, por inversión. Pero no le echemos la culpa solamente a Menem, Cavallo y Macri.

Para gran parte de los argentinos la ciencia ocupa un lugar casi inexistente a la hora de elegir quienes nos gobiernan. Hasta que necesitan de los científicos. Hasta que le piden por favor que trabajan día y noche para ayudar en el hallazgo de la cura del coronavirus. ¿Cuándo el Covid-19 sea un mal recuerdo nos volveremos a olvidar de los científicos? ¿Serán otra vez un “gasto innecesario”? Ojalá que con el virus se vaya también gran parte de nuestra hipocresía.

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