Sergio Bergman y su particular atuendo.
Sergio Bergman y su particular atuendo.

acaballero@cronica.com.ar 

@AnaliaCab 

 

En el universo de las redes sociales hay muchos seres insaciables que aguardan pacientemente, con los dientes afilados, cualquier paso en falso de dirigentes y personas públicas, entendido esto como alguna declaración polémica, un desliz o una contradicción. Por suerte para ellos, siempre hay nuevos motivos y nuestros referentes jamás nos dejan “a gamba”.

El ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, Sergio Bergman, ya venía con algunos cuestionamientos en relación con su desempeño como funcionario y su escasa experiencia en el rubro, pero esta semana rompió el molde al fotografiarse con un curioso disfraz de planta que se puso para la inauguración de un festival de cine.

La idea del rabino era concientizar sobre el cambio climático, pero en lugar de eso desató una catarata de bromas en las que se lo trataba de todo menos “capo”. “Me banco la foto por el contexto donde fue”, resaltó el funcionario, que había posado con un cartel que instaba a “pasar inadvertidos” para el medio ambiente como forma de cuidarlo.

“Soy un hombre planta que trabaja por el cambio climático”, tuiteó junto a su foto. El ministro detalló que esto se dio durante un evento cultural relacionado con el medio ambiente, en el que se instaba a las personas a que pasaran por un stand y se pusieran un disfraz que emulaba un jardín vertical. A estas alturas en que ya se habló tanto del estilo comunicacional del gobierno, resulta un sinsentido volver sobre este punto.

Tienen una forma poco convencional, y el tiempo dirá si es realmente efectiva. ¿Recordaremos la importancia de cuidar la ecología en nuestra vida cotidiana o, más bien, los chistes sobre el “Bergman-planta” que abundan en Internet? Es cierto que, en nuestro país, la del cuidado ambiental es una de las tantas deudas pendientes de todas las gestiones que pasaron.

Baste como ejemplo a la ex secretaria de Recursos Naturales María Julia Alsogaray, convertida en uno de los íconos de la corrupción noventosa, a quien tenemos grabada en la memoria como la que no pudo sanear el Riachuelo y cuya foto más difundida -en tiempos en que la web no existía- es la de ella sonriendo sexy, apenas cubierta con un fastuoso abrigo de piel.

Hoy más que nunca, lo audiovisual y lo escueto tienen más chances de perdurar que los contenidos y las intenciones