Por Javier Carrodani 
jcarrodan@cronica.com.ar 

Transcurridas ya algunas semanas desde que estallara el escándalo de los cuadernos sobre las coimas para obra pública durante los años de gobierno del kirchnerismo, quedó muy claro que el desarrollo de esta causa judicial le trajo cierto alivio al gobierno nacional en términos del tratamiento mediático de la complicada situación económica y social que está atravesando el país.

Este hecho concreto ha dado lugar a interpretaciones de todo tipo: desde que la denuncia inicial se basaba en fotocopias de cuadernos que, como no se encontraron los originales, bien pudieron ser escritos por alguien más que el chofer Oscar Centeno -lo que apuntaría a presuntos interesados en atraer la atención pública a este tema-, hasta que se trata de una investigación totalmente libre de cualquier condicionamiento, en la que el juez Claudio Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli aplican la ley y los procedimientos con exactamente el mismo rigor para todos los involucrados, sean estos ex funcionarios, ejecutivos de empresas o dueños de éstas.

Y en el medio de estos dos extremos se discute hasta qué punto le convendría al gobierno que avanzara la investigación, dado que un posible desafuero de la senadora y ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su eventual detención por esta u otras causas en su contra podrían sacarle al peronismo el principal obstáculo en su búsqueda de la unidad.

El propio presidente Mauricio Macri declaró a la CNN que "me dicen que no me conviene que Cristina vaya presa". En medio de todo esto, lo que podría proponérseles a los ciudadanos es seguir con atención tanto el avance de las causas por corrupción sobre hechos pasados como las políticas que se aplican en el presente.