Analistas y encuestadores de los más variados coinciden, en términos generales, que la elección presidencial muestra hoy una pelea pareja entre la fórmula oficialista y la de “los Fernández”. Algunos se animan a especular que después de las PASO, el voto en octubre se presentaría como una suerte de balotaje y podría dar un ganador en la primera vuelta. Suena difícil, pero no imposible. El foco está puesto, como otras veces, en los que proclaman indecisos a la hora de contestar una encuesta.

“No sé”, “no me gusta ninguno”, “son todos iguales” y “me parece que voto en blanco”, son algunas de las respuestas que dan desde este sector de encuestados, que algunos ubican entre el 10% y el 20% del padrón. Pero los analistas están viendo que una gran parte de los indecisos no son tales. Indagando con mayor profundidad, aparece lo que se da en llamar el “voto vergonzante”.

Es decir, tienen el voto prácticamente definido pero no se sienten cómodos en “defenderlo” ante los demás. ¿Cómo es eso? Es algo que se da tanto para la fórmula oficialista como para la opositora. Por ejemplo, aparecen casos en que alguien no tiene cómo responder positivamente sobre la desocupación, la pobreza en aumento, la plata que no alcanza, pero que votarán a Macri por el rechazo que le genera el kirchnerismo.

Así, prefieren decir que no tienen definido el voto frente a las personas que sufren la actual crisis económica. En la otra vereda, están aquellos que les cuesta decir su preferencia por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, por la cantidad de denuncias de corrupción que caen sobre la ex presidenta. Sin embargo, la votarán porque recuerdan que económicamente estaban mucho mejor durante su gobierno que hoy con el macrismo.

En ambos casos, la salida más cómoda y menos confrontativa es decir que aún no han decidido su voto, pero en verdad no es así. ¿Qué tan indecisos están quienes se definen como indecisos? Esta es una pregunta y un desafío al que se enfrentan candidatos y encuestadores. La verdad se verá, como siempre, en las urnas.