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La situación de Venezuela, con sus carencias y su violencia generalizada, es preocupante. Que se necesita que todos cambien, es lógico. Pero que la solución llegue desde Estados Unidos, con el garrote en la mano, es inaceptable. La gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, por América latina sirvió para tratar varios temas, entre ellos, Venezuela.La dictadura de Nicolás Maduro.

En Texas, antes de llegar a Argentina, afirmó que Maduro  debería retornar a la Constitución, aunque sugirió también la posibilidad de un golpe de Estado. "Si la cocina se pone demasiado caliente, él tiene amigos en Cuba que den darle una hacienda en la playa y puede tener una buena vida allá", dijo.

Esa idea es la que trajo a la región y, también, a la reunión que mantuvo este lunes con Mauricio Macri. La injerencia yanqui en la política regional, en épocas democráticas y dictatoriales, no es nueva. Hay tristes recuerdos, por lo que la Casa Blanca ya recibió varias respuestas.

No extraña que el gobierno cubano salga con los tapones de punta, al calificar como "alarmantes, injerencistas e inaceptables" las declaraciones de Tillerson. Lo que sí llama la atención es la reacción de las autoridades brasileñas, más cercanas a los ideales políticos y económicos de las potencias dominantes.

El canciller Aloysio Nunes Ferreira afirmó que la propuesta yanqui "no tiene sentido". "Es un régimen destinado a cambiar, pero solamente puede cambiar mediante el pueblo venezolano. No seremos los de afuera los que hagamos eso. ¿Tillerson qué está proponiendo? ¿Un golpe de Estado? Eso no tiene sentido", sostuvo antes de recordar que "los militares apoyan fuertemente al gobierno".

La región empezó a hablar. Hasta Brasil, el gigante sudamericano, lo hizo. Ponerles freno a los deseos golpistas de Tillerson y Donadl Trump es fundamental para que sus tentáculos no se instalen y avancen, como siempre intentaron y muchas veces lograron. Sería bueno, entonces, que el gobierno argentino se pronuncie. No sólo con el silencio.