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@LuisAutalan 

No conocimos un solo compañero de la escuela primaria que no deseara encarnar al general José de San Martín en el acto de cada 17 de agosto. No sólo porque el elegido se llevaría los suspiros de todas las compañeritas. Él fue un superhéroe de nuestra infancia y también a la hora de la veteranía.

Dicho esto, consideramos que su compromiso, desafíos y enseñanzas están al alcance de la mano para llevar al país al destino que quizá nos merecemos. Siguiendo su prosa, incluso las máximas que dedicó a su hija, un manual obligatorio.

Para ejemplo realzamos aquello de “hablar poco, y lo preciso”, como también la visión educativa, integradora, social y superadora que plasmó sin internet, satélites, redes sociales o coaching. San Martín privilegió la discusión de las ideas antes que la descalificación de adversarios; cuando enfrentó a enemigos, lo hizo desde la causa noble de la libertad.

Incluso regresó de España, donde pudo haber logrado las metas que se propusiera, para seguir una utopía, la de su América natal libre y soberana. Brecha mediante, alienta a cierta esperanza que en los últimos 17 de agosto, con proverbial intensidad se nos muestre, mostremos, al San Martín genuino, no a esa estampita de los textos escolares, o que con genialidad histórica encarnó Alfredo Alcón en “El santo de la espada”.

Si hay un trazo que nos compete a los periodistas, es la valoración con realce que él le brindó a la palabra, escrita u oral. Ni que hablar de la Liga de la Justicia, dirían los amantes de cómics, que forjó con otro notable como Manuel Belgrano.

Si en algo consideramos primordial hacer coincidir los dichos con hechos, para todos quienes asumen responsabilidades públicas, el ejemplo de San Martín, libre de todo copyright, está al alcance de todos, inclusive en estos tiempos donde la meritocracia se nos ofrece como la autopista de todos los logros.

Esa falacia se atomiza cuando uno puede citar al Libertador de América con nombre y apellido al expresar que, siendo libres, “lo demás no importa nada”.