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En menos de una semana, dos de los personajes políticos más cuestionados por la Justicia, como el ministro de Finanzas Luis “Toto” Caputo y la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, estarán bajo la lupa del Congreso. La senadora nacional apelará al peronismo con el que tanto se pelea para “zafar” del pedido de desafuero, realizado por el juez federal Claudio Bonadio, quien la acusó de “traición a la Patria”, en la investigación de la denuncia del fallecido fiscal Alberto Nisman.

La argumentación del magistrado fue tan irreal que la propia Cámara que había ordenado reabrir la pesquisa (cerrada por otro juez) tuvo que marcarle sus serios errores y le quitó ese cargo a la acusación contra varios ex funcionarios y dirigentes kirchneristas, que están al borde del juicio oral.

Una vez más, la exageración del eterno oficialista Bonadio deja una causa al borde de caerse: algo similar pasa con otra, donde Cristina está mucho más comprometida, que tiene que ver con Hotesur. Allí, en vez de probar que se pagaban por habitaciones del hotel que luego no se usaban (como retorno por otras cuestiones), el magistrado aseguró que hubo una “asociación ilícita” de toda la familia Kirchner desde que gobernaban Río Gallegos, como parte de un plan para llegar a la presidencia sólo para organizar el reparto de la obra pública.

La operación es tan burda que incluyó a Florencia Kirchner, que en aquel entonces tenía apenas 12 años. Del otro lado del edificio del Congreso, deberá ingresar el ministro de Finanzas de Mauricio Macri. Caputo tuvo una serie de empresas en paraísos fiscales. No sólo no las declaró (dijo no ser su dueño, pero los informes lo desmienten), sino que en una de ellas compró bonos de la deuda a 100 años, que él mismo negoció con organismos internacionales.Un claro caso de conflicto de intereses.

Más allá de las diferencias, ambos representan -y lo seguirán haciendo- no sólo la impunidad del poder político en Argentina. Expresan el accionar siempre intencionado, lento e ineficiente de la Justicia federal, encargada de investigar y sancionar al poder. En nuestro país suele decirse que la corrupción “es un cáncer”. Hay que agregar que la impunidad es la metástasis.