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@luisautalan 

 Semanas atrás, en conferencia de prensa, el periodista Javier Alvarez de la agencia NA enumeró algunas metas no cumplidas por el gobierno al desarrollar su consulta. La respuesta del jefe de gabinete, Marcos Peña, tuvo dos partes: la primera para remarcarle al colega que no compartía "sus apreciaciones", a posteriori se explayó respecto de otras cuestiones.

Quizás una anécdota del universo "gajes del oficio", empero consideramos que viene al talle para definir la reflexión de hoy, respecto a las varas autoimpuestas y el valor de la palabra. Son tiempos donde, incluso la oposición, en el dolor de ya no ser, recorre su senda buscando recuperar espacios, lejos de autocrítica al menos pública, considera que al Ejecutivo Nacional lo acechan más riesgos económicos que políticos.

La inflación y cómo contenerla es uno de los más importantes. Todo en rigor de la propia exigencia de elevar el nivel de calidad de gestión, lo cual reduce el margen de yerros. Entre fragilidades, gran parte de la cátedra económica coincide en que los números no cierran respecto del pronóstico para el aumento de precios sostenido.

Tal revés numérico también merma la confianza de la población, al tiempo que algunos funcionarios nacionales, a cargo de Defensa, Seguridad y la cartera laboral, atraviesan tropiezos difíciles de maquillar y mucho menos obviar. Desde el rol periodístico que dista de ser el de fiscal de la Nación y debe acercarse al tratamiento de las noticias, labor que incluye la opinión, debemos decir que por esa vara alta que el mismo oficialismo asumió no es posible relativizar el valor de la palabra empeñada.

Mucho menos después del respaldo electoral de octubre, sin posibilidad de asumir el amparo de errores clásicos o echar mano a "esas cosas de la política". En el barco llamado del país estamos todos, aunque va de suyo aclarar que en los eventuales naufragios no todos podrán subir a los botes previstos para la emergencia o esperar un rescate mágico.