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La urgencia social que implica la sucesión de tormentas económicas vigorizando la crisis, ofrece el flanco ineludible en cuanto a aquellos que perciben a la fecha la jubilación mínima. Por elegir un segmento destacado de la sociedad que sólo palpita la cotización del dólar en rigor de su perjuicio sin un ápice de interés por ahorro o especulación.

En diferentes foros se expresan llamados de atención pública, a saber: los movimientos sociales, el defensor de la Tercera Edad Eugenio Semino o el experto en cuestiones previsionales Miguel Fernández Pastor, con diferentes análisis, reseñan que ese haber está dejando su calificación de mínimo para convertirse en subsuelo.

Ni hablar si se considera que la canasta básica de los jubilados supera los $20.000 al mensurar gastos de alimentación, medicamentos, transporte y otras erogaciones no suntuarias. Tampoco es anecdótico destacar que en el camino de las buenas intenciones la tan mentada "reparación histórica" fue sólo un eslogan más, recordemos que más de 4.500.000 personas están en esa franja que percibe las jubilaciones y pensiones mínimas.

Sí resaltar que ellos no constituyen una carga para el Estado sino que sus legítimos derechos tienen raíz económica ya que han sido aportantes durante su período de labor como trabajadores. En el devenir del regreso al mundo y los cambios inevitables del trabajo todavía impacta que el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, haya consignado, no al pasar, que existen personas que le requieren la eliminación de beneficios sociales otorgados durante el gobierno anterior.

De allí que buscar un atajo/chicana al evaluar que entre los jubilados de todo el país hubo un núcleo considerable que respaldó con su voto al oficialismo en 2015 y 2017 tampoco es cuestión. Lo afirman con sensatez dirigentes de los movimientos sociales: "Por estas horas la urgencia es atender a quienes lo necesitan ya que este país lo integramos todos, los no pudientes y los que ninguna urgencia económica padecen".