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Dentro de apenas ocho días, el 14 de junio, empieza el Mundial. El dato sería menor para una columna política, pero en nuestro país se lo considera un antes y después. Tras varios meses de política desastrosa, el presidente Mauricio Macri busca cerrar la previa con un gran show: el anuncio de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.

Esta semana, tanto el jefe de gabinete, Marcos Peña, como el ministro de Finanzas, Luis Caputo, viajan a Washington, donde parte del gabinete económico afina el lápiz frente a los dirigentes del Fondo. Al mismo tiempo, y conscJientes del daño que le provocó a la imagen presidencial (tanto dentro de nuestro país como en el exterior), los encargados del "ala política" de la Casa Rosada siguen acercando propuestas para que el mandatario defina un plan de acción ante el peronismo.

En el primer punto de esa agenda figura llegar a un acuerdo por el otro proyecto planteado por los gobernadores dialoguistas, traspasar a la provincia y ciudad de Buenos Aires el mantenimiento de la empresa estatal Aysa, encargada de obras y provisión de agua potable a ambos distritos, pero sostenida con fondos de la Nación.

Lo que no dicen, por ahora, es que eso debería hacerse con los fondos previstos, lo que quedaría en apenas un gesto político, similar al "ajuste" anunciado el pasado viernes (y en diciembre del año pasado). Mientras el gobierno deshoja la margarita sobre sus aliados y enemigos políticos, la calle sigue tomando temperatura.

A la marcha del pasado viernes, donde movimientos sociales expresaron duros reclamos, se sumarán esta semana paros sorpresivos de Camioneros, y la CTA anunciará otro paro general. Desde el Ejecutivo confían en la muñeca de Jorge Triaca, que viaja a Suiza para la reunión de la OIT, para destrabar las disputas con los gremios fuertes de la CGT y terminar de enterrar el prometido paro general si Macri vetaba la ley antitarifazo.

Tal como hizo en el tema tarifario, el gobierno se ocupa demasiado de cuidar la relación política de temas que afectan a lo social, como antes lo mediático, y descuida las soluciones de fondo. Pero así como un acuerdo con la UCR y Elisa Carrió no alcanzó para evitar la bronca general por boletas impagables de luz y gas, tampoco transar con la CGT hará olvidar que los sueldos ya no alcanzan para llegar a fin de mes.