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En septiembre de 2017, hicimos la pregunta que acaba de recibir la peor respuesta: "Después de los votos, ¿vendrán los vetos?". Entonces, señalamos que, aparte de la abusiva facultad de vetar leyes que la Constitución argentina le asigna a Su Majestad, el Presidente, éste tenía a mano "los temibles DNU para acelerar el cambio´".

Su Majestad acaba de pisar el acelerador. El DNU antiburocrático, una remake de la reforma del Estado menemista, no se priva ni del miserable detalle de suprimir el paso judicial para que los bancos puedan caer directamente sobre el salario en caso de mora. ¿Su Majestad prevé que habrá proliferación de morosos? Esos morosos, ¿serán asalariados, jubilados y demás víctimas de los estropicios que nos depara el cambio?

Si bien Cambiemos en octubre último recibió 10 por ciento más de los votos que previmos, en el Congreso sigue atado a la necesidad de negociar con la oposición. "Un peronismo fragmentado -advertíamos- podría alentar la tentación de ese unicato pseudo democrático".

La tentación cesarista de Su Majestad -el hijo de don Franco encandilado por el poder-, alienta asimismo "la conflictividad social en auge", señalamos cuatro meses atrás. No se trata ya de "la grieta", cuyo beneficio electoral ha compartido en octubre pasado con la marquesa de El Calafate, sino de una violencia organizada como la observada en las protestas de diciembre: grupos mercenarios multipropósito, algunos vinculados con las minorías separatistas, otros con la extrema izquierda y otros, con las mafias "deportivas" que Su Majestad frecuentó al inicio de su carrera política, y donde conserva aliados que alguna vez la tía Lilita denunció por éticamente indigeribles.

Aquella amonestación de Lilita Carrió, momentáneamente silenciada, remite al indiscreto espejo del Uruguay, la Suiza sudamericana, donde radican sus ostensibles riquezas el sindicalista Balcedo, detenido allí la semana pasada, y un ministro de Su Majestad que acaba de inaugurar fastuosa residencia.

Este año, le han dicho a Su Majestad, es decisivo. Pese a los yerros de "el mejor equipo de la historia", entre la timba financiera y la inflación indomable, hay que salir adelante. Las mafias de ayer son la mejor cobertura para las de hoy. La Justicia, a Dios gracias, es lenta. Si no, ¿qué habría para mostrar en 2019?

Así habla la ambición de Su Majestad. Pero el cielo de verano suele inspirar falsos presagios. El cambio climático acecha con tormentas. Por el bien de su reino, sería bueno que Su Majestad no olvidara el paraguas.