gcalisto@cronica.com.ar 
@gcalisto

"El Presidente está preocupado por la inflación". La frase del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, confirma lo que lleva semanas explicando Roberto Di Sandro en su sección: el gobierno no le encuentra la vuelta al problema de los precios, pese a haberlo ubicado en el primer puesto de sus prioridades económicas.

En la semana que pasó, dos dirigentes de ideología opuesta le marcaron el mismo problema al jefe de gabinete, Marcos Peña, señor de las decisiones presidenciales: la gente no puede pagar las boletas de servicios públicos que están llegando a sus casas. Tanto el matancero Fernando Espinoza como el mendocino Alfredo Cornejo llevaron el mismo planteo.

Ambos recibieron la misma respuesta: "Aranguren es intocable". Sin embargo, le pidieron acercar iniciativas de alivio para sectores populares. ¿Habrá un cambio? Pese al gesto, el oficialismo sostiene su rumbo. Llevan meses anunciando que los ajustes continuarán.

Concluida la primera etapa en términos de servicios domiciliarios, es el turno del transporte. Todo sea para bajar subsidios y cumplir con metas fiscales. Mientras tanto, el malestar de la gente crece. La soberbia política de ver allanado el camino hacia la reelección del presidente Macri, con una oposición absolutamente diseminada y ocupada en sus internas, lleva al gobierno a dejar de lado la consigna que fue bandera durante su primer año y medio de gestión: al equivocarse, dar marcha atrás y admitir errores.

Con números fríos, el gobierno sigue hablando del "crecimiento económico invisible" y, además, imperceptible. Los otros números que le importan a Cambiemos, los de las encuestas, muestran que por primera vez el discurso oficial no logra perforar a la opinión pública, y el pesimismo sobre la economía crece. Como decía un viejo sabio, "La única verdad es la realidad".