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Quienes abogamos por una mentalidad colectiva más abierta y receptiva a opiniones, credos, identidad sexual o estilos de vida diferente, sentimos cierta satisfacción en los últimos meses al comprobar que tantos temas antes intocables hoy son eje de debate tanto en medios como en instituciones y hasta en la mesa familiar.

En especial, aquellos referidos a los derechos de la mujer y a la homofobia: proyectos de ley y campañas antidiscriminación estatales o privadas inundan nuestros sentidos a través de todas las vías de comunicación. Casi que nos sentimos del Primer Mundo en lo que a avances culturales se refiere.

Hasta que un día se viraliza el spot mundialista de un canal de deportes tomándose en joda lo que en Rusia es un delito: el amor entre personas del mismo sexo, en este caso hombres ,porque se sobreentiende (!) que el fútbol es exclusivo de la órbita masculina. Anticuados conceptos de "vestuario" e imágenes de dudoso gusto llamaron la atención del mismísimo embajador ruso, que pidió su levantamiento del aire.

Pero había más: poco después conocimos el material didáctico de la AFA -un ente oficial, por lo tanto, esto es más grave- enseñando a los periodistas "cómo levantarse rusas". Entonces, el sueño igualitario vuelve a desmoronarse, porque nos dimos cuenta de que el machismo sigue enquistado en el inconsciente de los que tienen el poder de emitir mensajes masivos que responden a las mismas malas costumbres de siempre.