Roma caliente: un viento del Sahara que trepa a temperaturas de más de 40 grados abrasa la ciudad. Desde 1947 no se vivía algo igual a esta altura del año, pues aunque empezó el verano, nunca se alcanzan estas térmicas. A pesar de todo, miles de fieles aterrizan en San Pedro. Acá brota la vida, crecen las cosas. Roma amorosa: Francisco, con un sol que arde en la piel, entero y fuerte como un bosque que camina, ofreció la última audiencia, antes del receso que comienza el lunes.

El gazebo blanco, que todos conocen, desde donde les habla a los fieles, tiene aire acondicionado para aliviar el calor y calefacción cuando hace frío. Un dato: un asistente, en una hora de ceremonia, cada quince minutos, le alcanza un vaso de agua que toma completo. Se hidrata. La gente muy acalorada, en una plaza seca como la de San Pedro, estaba firme como rulo de estatua. Todos vivaban al Papa. A los gritos. Una fiesta popular poblada de banderas, devociones en todos los idiomas. Es ahí cuando se toma conciencia de que Bergoglio es el argentino más importante de la historia, menos para un puñado de argentinos manipulados por los medios. Se escucha a Francisco decir que “migrar no es un delito”.

Siempre defendiendo a los inocentes que escapan de guerras y miserias. En el saludo final, descubre a “Crónica” y nos fundimos en un abrazo fraterno de hermanos. Alma, gratitud, pocas palabras y puro gesto. Él estaba feliz y agradecido. Resulta que la hermana Nelly, de la Congregación de Total Dedicación de La Plata, es una de sus amigas. Cumplió 92 años en mayo último. La llamó para saludarla y le dijo: “Nelly, todavía está viva, no se murió”. Ella se rió como un piano y le contestó: “Le voy a mandar la torta por ‘Crónica’”. Él respondió: “Son muy buenos mensajeros”.

Se trata de una especialidad alemana que pesa cinco kilos. A base de una pasta muy liviana, azúcar negra y pasas de uvas. Allí fuimos con el recado. Por única vez en la historia de estos seis años. En la aduana de Fiumicino, en el aeropuerto de Roma, revisaban a todos los pasajeros. Cuando le tocó el turno a “Crónica”, nos desviaron sorpresivamente para liberarnos el paso. Qué alivio, no se puede entrar comida jamás. Antes de pasar la puerta, un gendarme saludó: “Auguri a Francesco”.

En ese abrazo de corazón a corazón en el que no hacía falta hablar nada, dijo: “Qué rica la torta de Nelly, que no se muere nunca”. Atención: al fin de la primera jornada del día, Bergoglio, disciplinado, almorzó solo en su cuarto y descansó, hasta la primera entrevista de las 16.30. Durmió la siesta, y como él dice: es el placer de amanecer dos veces. Desde aquí, no se puede afirmar a ciencia cierta que Bergoglio vaya a venir a la Argentina, pero ganas no le faltan. Eso es cierto.

Expectativa: Vladimir Putin va a visitarlo en las próximas 48 horas. Un hombre de carne y hueso ante Bergoglio, a quien no le esconde la mirada, le entrega su respeto y la ternura. A pesar de todo, irás adelante, la fe en el camino será tu constante.

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Enviada especial al Vaticano