A Dios lo que es de Dios. Ganó Joe Biden las elecciones en Estados Unidos. El dato es que tiene una relación entrañable con Jorge Bergoglio, el argentino más famoso. Lo acompañó en su asunción como Papa. Es católico practicante de comunión y misa dominical. Su relato en la campaña es una síntesis de las encíclicas: Evangelium Gaudium (La Alegría del Evangelio), Laudato si (Alabado seas) y Fratelli Tutti (Todos Hermanos).

El único presidente católico fue John F. Kennedy. Pasaron sesenta años. Biden es un vencedor, como dicen los católicos. Se fortaleció su fe. Gracias a eso superó tragedias familiares: pudo sobrellevar la muerte de su primera mujer y de su hija en un accidente de tránsito y luego la de su hijo, que en 2015 murió de cáncer.

Con Francisco la relación trascendió las fronteras políticas. En la visita de Bergoglio a Filadelfia estuvieron juntos, en septiembre del 2015, poco después de la partida de su hijo. Biden reconoció que el encuentro familiar había sido de gran consuelo para él y los suyos.

Volvieron a verse en 2016, cuando Biden participó en un encuentro sobre la atención a los enfermos de cáncer en el Vaticano. A simple vista la relación entre los dos se veía fraternal y muy afectiva. Pidieron compromiso global contra el cáncer, las enfermedades raras y que se facilite el acceso a la medicación.

Tienen coincidencias reales respecto de los refugiados, los pobres, los migrantes y el cambio climático. Están alineados en el tema de la desigualdad y la inclusión. Biden anda armado con un rosario de cuentas negras que le regaló Francisco en 2013. No sólo reza con él sino que lo lleva en el bolsillo. La admiración del pueblo norteamericano por Francisco es abrumadora.

Crónica fue testigo cuando lo acompañó en su gira. La comunidad católica suma 51 millones de votantes. Contando a los bautizados que son menores, alcanzan los 71 millones. La frutilla del postre: Biden tiene formación jesuita, como el Papa. Se cansó de repetir que “batalla era recuperar el alma de Estados Unidos”. Se solidarizó con gestos de consuelo hacia las familias de quienes fallecieron como consecuencia del coronavirus. Sólo por citar algunos gestos.

Lo cierto es que, con el triunfo de Biden, el mundo cada día está más “bergogliano”.