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Apenas pasado el triunfo electoral de octubre último, el gobierno impulsó una serie de proyectos de ley para aprobar antes de fin de 2017, por considerarlos claves en el futuro de su gestión. En razón de ello, convocó a sesiones extraordinarias del Congreso. La más polémica de las iniciativas resultó ser la de reforma previsional, aprobada en un clima muy caldeado tanto dentro como fuera del Palacio Legislativo.

El oficialismo también consiguió sancionar el pacto fiscal con las provincias, la ley de responsabilidad y la reforma tributaria, además del Presupuesto 2018. Pero había una iniciativa más, que se optó por dejar para que los legisladores la trataran otra vez en extraordinarias, en febrero: la reforma laboral.

Había un preacuerdo en sus contenidos logrado con la conducción de la CGT y dirigentes de la oposición legislativa de ambas cámaras. Sin embargo, ante la evidencia de que entre noviembre último y estos días ese consenso se fue diluyendo por diversas razones, el presidente Mauricio Macri volvió a "recalcular" los tiempos políticos y se resignó a esperar que ese tema vuelva a ser motivo de reuniones y charlas con distintos sectores.

Las razones para la merma en el apoyo opositor fueron dos: la primera, la ya citada reforma previsional, que logró avanzar por la presión que los gobernadores ejercieron sobre varios legisladores, algo que no se avizora para la iniciativa en el plano laboral; la segunda, la ofensiva judicial sobre sindicalistas, algunos de los cuales están presos por motivos más que sobrados.

No obstante, en los últimos meses del año pasado se hizo saber a varios dirigentes que hay listas "carpetas" para usarse en su contra si se ponen muy confrontativos con el gobierno. En tanto, días atrás el gastronómico Luis Barrionuevo recordó que "a los sindicatos los atacaron Ricardo Alfonsín y De la Rúa y no terminaron su mandato". En este contexto se acercan las paritarias. Parece que va a ser otro año movidito.