@jorgecicu

En medio del desfile de “arrepentidos” por las coimas que pasa por Tribunales, de la inflación que supera los tres puntos mensuales, de la ardua discusión sobre la legalización del aborto y de las especulaciones electorales para unos comicios presidenciales para los que falta más de un año, existen otras realidades.

Duras, pero que no aparecen en la tapa de los diarios ni son temas sobre los que se les pregunta a los políticos invitados a la televisión. Entre estos temas “invisibles” está la realidad de los científicos en la Argentina. Un mundo que, mientras se pone el foco en otros problemas, está en peligro de extinción. “Sin ciencia y tecnología no hay futuro”.

Así se llamó la jornada realizada este jueves en la Cámara de Diputados, en la que investigadores, becarios, estudiantes y docentes universitarios reclamaron una ley de financiamiento para que siga existiendo investigación científica en el país. “Habíamos demostrado que éramos capaces de construir satélites, reactores nucleares y hacer biotecnología vegetal, sólo había que llegar a las aplicaciones. En ese camino íbamos, hasta este momento en el que estamos retrocediendo. Todo el sistema científico y tecnológico está en peligro”, explicó Roberto Salvarezza, ex titular del Conicet.

Desde el Estado se está dejando a la ciencia sin fondos. El Conicet expulsa a jóvenes de gran talento; los que ganan una beca para doctorarse tienen ingresos por debajo de la línea de pobreza; la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA se está quedando sin materiales de estudio. Lo más terrible, muchos jóvenes científicos vuelven a hacer las valijas y a irse del país.

Y los estudiantes que están a punto de recibirse miran más su pasaporte que la libreta universitaria. “De no tomarse medidas urgentes, el deterioro provocará la destrucción de grupos de trabajo, la paralización de instrumental muy valioso y el éxodo de científicos, dilapidando la inversión que nuestro país realizó a lo largo de muchos años. Es un derroche que no nos podemos permitir”, dijo el doctor Alberto Kornblihtt, quizás el científico argentino más reconocido y premiado en el exterior. Fue un grito. Un llamado de alerta. Ojalá alguien lo haya escuchado.