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@javiercarrodani 

El informe periodístico publicado este lunes en Crónica respecto de cómo funciona el troll-center de Cambiemos, además de ratificar algo que se denunció reiteradamente por varias personas -entre ellas, periodistas de diversos medios de comunicación-, confirma una característica que demostraron tener los distintos gobiernos ante la opinión pública: la intención de instalar temas, de imponer visiones propias y de salir a desmentir informaciones que den cuenta de errores de gestión, de políticas perjudiciales para la población o de manejos fraudulentos de fondos públicos, entre otros temas.

Lo novedoso tiene que ver con los avances tecnológicos en la comunicación. En lugar de llamados telefónicos de funcionarios a las redacciones, a los programas de radio o a los estudios de televisión -que eran moneda corriente en otras épocas-, ahora se trata de ganar espacio en las redes sociales.

Es algo que se viene haciendo desde hace diez años en las campañas proselitistas. Las redes sociales fueron consideradas clave ya en el triunfo de Barack Obama en Estados Unidos allá por fines de 2007. También Cambiemos supo hacer un uso muy provechoso de esa herramienta en 2015.

Pero luego pasó a ser un mecanismo bien aceitado para salir a cuestionar y en lo posible desacreditar no sólo a referentes de la oposición política, sino también a periodistas que difundieran información que dejara en mala posición a distintos funcionarios del gobierno.

Se trata de una técnica mucho más sofisticada y menos visible que aquellas que utilizó el gobierno anterior, que creó espacios y medios de comunicación afines a su discurso y en contraposición a los principales grupos periodísticos que tenían posturas muy críticas hacia su gestión.

El caso más emblemático fue seguramente -con sus más y sus menos, periodísticamente hablando- el ciclo televisivo 6, 7, 8, que iba de lunes a viernes a las 20 por la Televisión Pública. En su campaña electoral, Mauricio Macri dijo que no quería "ni un 6, 7, 8 ni un 8, 7, 6".

Nada dijo, por cierto, de este fenómeno de los trolls. Y claro, no es de extrañar que cada uno tenga alguna carta guardada para jugar cuando le convenga. Así es la política.