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@egodoyvallejos

La Navidad es una fecha muy cara al sentimiento de los argentinos. Tiempo de encuentro con familia, parientes y amigos, para compartir una cena, charlas y el tradicional brindis. Pero, en este 2017, más allá de circunstancias personales que por supuesto ameritarán en cada caso, la realidad del rumbo de nuestro país dista de entregar motivos de sobra para esbozar satisfacción. La foto de los últimos diez días nos muestra lo peor y más triste de lo últimos tiempos.

Tristeza es la palabra que expresa lo ocurrido en la previa al debate de la finalmente aprobada Ley de Reforma Previsional. Pero también indignación y, sobre todo, preocupación. Los hechos de violencia, tanto expresiva como física, que se vivieron en las calles y en el recinto de la Cámara de Diputados, nos remiten a épocas que cualquiera desearía no volver a atravesar.

Pero en la Argentina, donde las crisis y los cimbronazos políticos y económicos son cíclicos de manera invariable, pensar en que imágenes dolorosas y decisiones oscuras no van a repetirse es una auténtica quimera. Quienes recibieron el peor regalo de Navidad fueron los jubilados. Pero todo el pueblo argentino quedó marcado por una propuesta del gobierno, a todas luces, antipática y estéril.

Más allá de tecnicismos de un lado y del otro para justificar a favor o en contra las bondades o maldades de la nueva norma, lo que quedó es la certeza de un perjuicio a la clase pasiva que poco servirá para acomodar los números en rojo de un déficit que crece sin parar. Y ni hablar de los discursos de flagrante falta a la verdad que se oyeron en la Cámara Baja.

Esta fecha, que desde siempre fue un canto a la concordia y a la unión y el encuentro, nos exhibe a los habitantes de esta bendita tierra en una marcada división. Una profundización de lo que venimos viviendo en los últimos años. Por eso, es momento de apelar, una vez más, a la reflexión y a qué queremos ser como país de acá en más. Sin fanatismo y obcecación, cuando todo nos demuestra que no vamos bien. En esta Navidad con sensaciones encontradas y un futuro que aparece complicado, es el mejor regalo que nos podemos hacer.