Por Javier Carrodani
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@JavierCarrodani


En su mensaje del último jueves ante la Asamblea Legislativa, el presidente Mauricio Macri les espetó a los docentes en general, y a los sindicatos del sector en especial, que "no podemos hacer política con la educación de nuestros hijos", y agregó como fundamento de esa idea que "no podemos acordarnos de la educación sólo en el momento de las paritarias".

Con todo respeto, al jefe de Estado podría advertírsele que esa afirmación podría volverse en su contra, como un boomerang, tanto para su gobierno como para los que lo precedieron. Desde el regreso de la democracia a la fecha, tanto los dirigentes sindicales como los propios maestros y profesores han planteado en los medios de comunicación que la problemática educativa es un tema que excede amplísimamente la cuestión de los salarios, más allá de que es lógico que todo trabajador aspire a ganar un buen sueldo.

Las condiciones edilicias, el presupuesto para que los colegios puedan comprar materiales de estudio, la seguridad de docentes y alumnos en los alrededores de los establecimientos, la elaboración y actualización de programas ministeriales que tengan en cuenta verdaderamente la opinión de quienes concretamente se encargan de enseñarles a los chicos, son algunas de las cuestiones que se han escuchado de los docentes, precisamente en tiempos de paritarias, porque en realidad muchas veces parece que son los gobiernos los que -pocos días antes del inicio de cada ciclo lectivo- se acuerdan de convocarlos y para hablar casi exclusivamente sobre sueldos.

La tarea de un docente es crucial para la sociedad. Se trata de formar a los chicos y jóvenes para que estén en condiciones de afrontar la vida adulta en un mundo cada vez más complejo, tanto en lo laboral como en lo social. Corresponde demandarles que cumplan a conciencia y satisfactoriamente ese trabajo. Pero, para que esa exigencia sea legítima, hay que asegurarse que tengan todo lo que necesitan.