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@analiacab

Sucede cada vez más seguido. Cuando un tema copa los medios de comunicación, se genera cierta saturación, que puede derivar en una influencia nociva sobre el público. La sorpresiva muerte de Débora Pérez Volpin es ítem obligado en canales, radios, diarios y la calle, porque era una colega de todos los que trabajamos como periodistas y golpeó duro a quienes la conocieron y compartieron con ella espacios y jornadas laborales.

Y, sin que esta haya sido la intención, la necesidad de tener a toda hora algo para decir del triste caso, acaparar todas las aristas de la investigación y el dolor de sus seres queridos, provocó un temor masivo en la población respecto de la endoscopia, un procedimiento que pasó de ser casi de rutina, a una práctica riesgosa en el pensar colectivo.

Entre el último miércoles y el jueves, muchos centros médicos revelaron que sufrieron cancelaciones por parte de pacientes que debían realizarse este estudio. Esta suerte de paranoia condenada al corto plazo -porque en algún momento, el que necesita ese estudio tendrá que hacérselo- expone lo defectuoso de la comunicación, en primer lugar desde el sanatorio donde murió la periodista y luego por parte de todos nosotros, que en la premura por la noticia arriesgamos que "habría sido a causa de la anestesia", varias horas antes de que se le practicara la autopsia al cuerpo de Débora.

Ahora, los ojos se posaron sobre el profesional que le practicó la endoscopia gástrica superior, echándole nafta al fuego del temor endoscópico: resulta que ahora son dos los peligros latentes de esta práctica. Tal vez a veces olvidamos la importancia del efecto que los medios pueden causar en quienes leen o escuchan, en nombre de la información.

Por otro lado, un batallón de médicos desfila por televisión intentando exorcizar los demonios que se ciernen sobre su trabajo, conscientes de una desconfianza general creciente. Ojalá que cuando se llegue a la verdad sobre lo que le pasó a Débora, también podamos poner blanco sobre negro y perder nuestros nuevos miedos.