Por Prof. Antonio Las Heras
alasheras@hotmail.com

Los sueños son producto de la actividad psíquica inconsciente. Sigmund Freud y Carl G. Jung, los dos grandes pioneros de la psicología moderna, diferían en cuanto a la interpretación de las imágenes oníricas. Para Jung no sólo los contenidos reprimidos (percepciones, pensamientos, valores, emociones) forman parte de lo inconsciente, sino que hay un estrato esencial, lo inconsciente colectivo, donde todo contenido psíquico hunde sus raíces, los sueños incluidos. Este modelo está basado en la idea de que toda conducta, así como los modos de percibir las experiencias, se encuentra condicionado por estados potenciales previos; es decir, arquetípicos.

Si esto es así, entonces los sueños no son sólo manifestaciones de deseos inconscientes ni compensaciones con restos diurnos. Al tratarse de aspectos originarios de lo inconsciente colectivo, esto, anteriores a la persona misma, poseen una objetividad que provee lo que el psiquismo necesita para mantenerse en equilibrio, más allá de los deseos mismos. Jung consideró, además, importante el ambiente cotidiano como uno de los estímulos físicos durante el sueño, en especial el referido a la ocupación del sujeto. Un músico, por ejemplo, puede soñar que toca un instrumento o un científico, que su sueño transcurre en un laboratorio.

Dudas sin resolver

Aún hoy no resulta posible conocer exactamente de qué manera los contenidos inconscientes se convierten en sueños ni mediante qué proceso un sueño se torna consciente. Jung propuso que una parte de la consciencia permanece activa durante el estado onírico, por lo que puede el individuo reconocerse en un sueño como él mismo o en forma de contenidos emocionales.

Los sueños se diferencian del contenido consciente por su falta de coherencia lógica y su irracionalidad, ya que no están limitados por horizontes físicos ni temporales. Es por esto que, a veces, pasado, presente y futuro aparecen fusionados en un mismo sueño. A pesar de poseer estas características similares a las de los contenidos psicóticos, los sueños no son patológicos, sino, por el contrario, son necesarios para una buena salud psicofísica y espiritual.

Más fuentes

Las percepciones subliminales son otras de las fuentes de las imágenes oníricas. Estas incluyen ideas y sentimientos oníricos y percepciones sensoriales muy débiles que no alcanzan a llegar a la conciencia cognitiva. Como ejemplo de esto, Jung relata el sueño de un hombre de negocios al que le habían hecho una propuesta comercial que aparentaba ser honorable. En el sueño veía que tenía las manos y los antebrazos cubiertos de barro negro. Luego de un tiempo se enteró de que la transacción había sido fraudulenta. Jung consideró que, probablemente, este hombre había percibido subliminalmente la deshonestidad de la persona con la que había tratado por algún detalle de su comportamiento. Esta percepción fue tan débil que no pudo admitirla en su conciencia, pero sí se reflejó en su sueño.

También aparecen frecuentemente en los sueños como imágenes oníricas los recuerdos de experiencias pasadas. Estos recuerdos pueden haber sido conscientes alguna vez y luego reprimidos, como, por ejemplo, recuerdos de la infancia; o pueden ser recuerdos perfectamente accesibles para la conciencia, pero que refieren a hechos traumáticos, como pueden ser experiencias en una guerra, un accidente, la agonía de algún familiar, etc. Estos últimos suelen repetirse en una serie de sueños durante un lapso prolongado de tiempo.

Además de todas estas fuentes referidas al ambiente y las experiencias personales del sujeto que sueña, existe otra -que ya mencionamos- que posee una creatividad ilimitada, que es el inconsciente colectivo. Ya expresamos que para Jung el inconsciente colectivo es la fuente de todo el material psíquico. En lo que se refiere a las imágenes oníricas, refleja toda la experiencia humana, más allá de la época histórica en la que se viva, y brinda un material muy rico para comprender la conducta del ser humano en general (ver recuadro).

Todo es posible

El lenguaje onírico es muy variado, generalmente no verbal, pudiendo incluir lenguaje figurativo, juegos de palabras, metáforas, imágenes fantásticas, exageraciones y figuras pertenecientes al lenguaje mitológico. Es muy común soñar con animales que representan atributos de algunas personas, por ejemplo, el zorro correspondería a la astucia, el león como rey de la selva sería el poder, y así con tantos otros. Estas serían imágenes figurativas.

Las metáforas pueden estar indicando, mediante imágenes concretas, ideas abstractas. Un ejemplo de esto puede ser soñar que se está sujetado con lazos que no le permiten a uno moverse. Esto aludiría a la fuerte represión a la que se está sujeto en realidad.

Las imágenes fantásticas pueden ir desde figuras diabólicas hasta seres totalmente inexistentes con los más variados atributos. Estas creaciones son posibles gracias a que no intervienen las limitaciones de la mente consciente.

Otra característica de los sueños a tener en cuenta es la presencia o ausencia de colores. Para Jung los sueños que se recuerdan en colores son los que poseen una mayor carga emocional. También lo atribuyó a la relación entre la conciencia y el inconsciente. Cuando se produce un acercamiento del inconsciente a la conciencia o viceversa, esto se expresa mediante el colorido de las imágenes oníricas. Y cuando no entran en contacto porque la conciencia se muestra neutral frente a las manifestaciones del inconsciente, los sueños serán sin color, en un blanco y negro o a lo sumo en un tono sepia.

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