Por Prof. Antonio Las Heras
alasheras@hotmail.com

El pasado 24 de noviembre de este complicado año se cumplió un nuevo aniversario de cuando, en 1922, se hizo el primer ingreso a la tumba del llamado "Faraón niño", más conocido por su nombre, "Tuthankamon", tras permanecer cerrada por cerca de 3.500 años.

La persona que tuvo ese privilegio fue un aristocrático británico, Lord George Herbert Carnarvon, el millonario inglés que financiara las investigaciones de uno de los especialistas más calificados de la época, su compatriota y egiptólogo Howard Carter. Quitó una pared de escombros, permitió que la luz ingresara a ese sitio oculto por tanto tiempo, y sólo se atrevió a decir: "¡Cosas maravillosas!", refiriéndose a lo que sus ojos estaban viendo. Aquella noche, escribió en su diario personal: "Hoy ha sido el día más maravilloso de mi vida y dudo que alguna vez pueda tener alguno más feliz que este". Para la historia del Antiguo Egipto, comenzaba a desandarse un largo camino. Muchísimo más que vida...

El egiptólogo Howard Carter, junto a un ayudante, tras hallar la tumba del faraón niño.

Es que apenas unos días más tarde, Lord Carnarvon, quien por entonces residía durante las investigaciones en el lujoso Hotel Savoy, de El Cairo, capital del actual Egipto, sufrió la picadura de un mosquito en la mejilla izquierda, que al afeitarse se lastimó, lo que le produjo una intensa inflamación que lo llevó a tener una elevada temperatura y alcanzar los 40 grados de fiebre. La situación se complicó con dos males conocidos ya por entonces, septicemia y neumonía. El lord británico nunca se recuperó, para fallecer en la capital egipcia el 5 de abril de 1923. Sus últimas y enigmáticas palabras fueron: "He escuchado su llamada y le sigo"

¿A quién o a qué se refería Lord Carnarvon?

La historia de la "maldición de los faraones" a quienes se atrevían a ingresar a sus lugares sagrados, dispuestos para el descanso eterno, comenzaba en ese mismo momento. Con dos singulares coincidencias: en el mismo momento en que Carnarvon desencarnaba, las luces de El Cairo se apagaron repentinamente y, a cientos de kilómetros de distancia, en el castillo de Highclere, Susie, en el Reino Unido, la perra del aristócrata británico, a la que tantas veces había llevado a Egipto, aulló lastimeramente para morir en el acto. Cabe agregar que si bien tanto el sarcófago como numerosos elementos allí hallados se exhiben en el Museo de antigüedades de El Cairo, la momia nunca fue sacada de su lugar de reposo eterno.

En tres décadas se contabilizaron 27 muertes misteriosas atribuidas a la maldición de Tuthankamon.

Sucesión de muertes

A partir de todo lo sucedido, más de uno recordó que Sir Alan Gardiner, el prestigioso arqueólogo que acompañó a la expedición mayormente británica cuando fue abierta la tumba de Tuthankamon, afirmó haber visto una tablita de arcilla donde podía leerse: "La muerte golpeará al que turbe el reposos del faraón"- Objeto cuyo paradero es, aún hoy, desconocido (¿Lo tendrá escondido algún obsesivo coleccionista?). Si existe, en la base de la estatua de Anubis, la siguiente leyenda: "Yo soy el que impide a la arena invadir la cámara secreta".

También es real que Reginald Engelbach, inspector del Ministerio de Antigüedades de Egipto, descubrió una tablilla con otra inscripción: "El espíritu del muerto retorcerá el cuello del ladrón de tumbas como a un pato". Bien descriptivo, ¿no?

En tres décadas se contabilizaron 27 muertes misteriosas atribuidas a la maldición de Tuthankamon. Repasemos las más conocidas. Arthur C. Mace, ayudante de Carter y conservador del Metropolitan Museum, comenzó con un gran cansancio, que se agravó hasta quedar inconsciente. Murió por causas desconocidas, en el mismo hotel que Carnarvon. George Jay-Gould, amigo del lord inglés, al día siguiente de visitar su tumba, despertó con una fiebre muy elevada para fallecer esa misma noche.

El profe Las Heras en su visita a Egipto.

El Industrial ingles Joel Wolf, invitado a conocer la tumba, cuando se embarcó de regreso durante su trayecto falleció a causa de una alta fiebre. Archibald Douglas Red, fue el radiólogo que cortó las vendas de aquella momia para examinarla con rayos X. Mientras regresaba embarcado a su Inglaterra natal comenzó a sufrir innumerables mareos y otras descompensaciones, para morir antes de arribar a puerto.

La lista siguió

Seis meses después de la pérdida de la vida del impulsor de las investigaciones, el hermano de Lord Carnarvon, Audrey Herbert, falleció víctima de una infección dental. A lo extraño que fue eso, se sumó que la enfermera que lo cuidaba murió poco después. Richard Bethell, secretario de Carter, hijo de lord Westbury, murió de repente y de manera inexplicable. Fue hallado sentado en uno de los cómodos sillones del club que frecuentaba, el Mayfair. Al tomar conocimiento de tan imprevisible muerte, el padre se tiró por la ventana de su despacho. No terminaron entonces las desgracias. Cuando el cortejo se dirigía al cementerio, el coche fúnebre chocó y al volcar increíblemente perdió la vida un niño de 8 años. Demasiado para sólo pensar en "casualidades." Súmese: El jefe de los conservadores del Museo de Louvre, Georges Benedite, visitó la tumba y murió a los pocos días.

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