El nombre de Marcos Herrero está asociado a los casos de desaparición de personas más resonantes de los últimos años, como los de Santiago MaldonadoFacundo Astudillo Castro y Marcela López. Pese a su presunta colaboración en las búsquedas, es el adiestrador canino más cuestionado por la Justicia de varias provincias al considerar que sus hallazgos entorpecen las causas más que aportar pruebas, reveló La Opinión Austral.

Desde que Herrero llegó en julio pasado a Santa Cruz, contratado por la familia de López, la mujer desaparecida el 22 de mayo, el caso se ensombreció bajo una seguidilla de episodios insólitos. Es que el adiestrador, junto a sus perros Yatel y Kassie, encontró restos óseos en la propiedad de José Luis Balado, expareja de Marcela, donde habían allanado en reiteradas oportunidades; y fue quien vio los "dólares termosellados" en la casa del inquilino de Balado, aunque nunca lo comunicó a la Justicia.

Estos presuntos hallazgos de Herrero, que dice tener un método propio de rastreo canino, generaron descreimiento tanto en el Poder Judicial, sus investigadores y fuerzas policiales. 

¿Participó de la búsqueda de Maldonado?

Herrero aseguró haber intervenido en la búsqueda de Santiago Maldonado, que desapareció el 1 de agosto de 2017, durante un operativo de Gendarmería, en resistencia Cushamen, Chubut, pero esa versión fue desmentida por el periodista de investigación Juan Alonso, que siguió el caso y trabajó en el documental "El Camino de Santiago".

Al ser consultado por La Opinión Austral, Juan no sólo no recuerda a Herrero en la búsqueda, sino que consideró que "seguramente debe ser un chanta".

A esto sumaba las declaraciones que el adiestrador hizo en varios medias a los que afirmó haber rastrillado la zona dos semanas después de que Santiago desapareciera, y que su perro encontró un collar que pertenecía al joven, algo que la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos negó rotundamente e incluso deslizó que existía la posibilidad de que el accesorio podría haberse "plantado".

Marcos Herrero con uno de sus canes.

El paso en falso en el caso de Astudillo Castro

En pleno aislamiento preventivo social y obligatorio, en abril de 2020, Facundo salió de su casa en Pedro Luro camino a Bahía Blanca, cuando fue detenido en varios operativos policiales. Días después, su mamá Cristina Castro denunció su desaparición.

Herrero entró en escena al ser contratado por la mujer. Así, encontró lo que nadie: restos de una mochila, sangre en un patrullero y hasta un amuleto de la suerte que supuestamente llevaba consigo aparecieron en un depósito de comisaria.

En su libro "Operación Facundo", publicado en agosto de este año, el periodista Germán Sasso describe al adiestrador como el artífice de un "show de mentiras" que generaban mucho rating pero ningún impacto en la investigación real. 

Un ejemplo de ello es el rastro de sangre que Herrero ubicó con sus perros dentro de un patrullero. Fueron largos días de titulares que especulaban sobre Facundo muerto en ese vehículo hasta que se supo que no era sangre y menos que pertenecía al joven. 

Así confirmó un reporte de la División Laboratorio Químico de la Policía Federal sobre "el estudio practicado sobre las muestras tomadas de los móviles policiales y el vehículo secuestrado" en las que "no se comprobó la presencia de sangre".

En otro lapidario informe, profesionales de extensa trayectoria de distintos lugares del país presentaron ante la jueza federal María Gabriela Marrón las razones por las cuales Herrero era, ni más ni menos, que un "chanta".

"Un can no puede olfatear 'esencia de una persona' después de más allá de las 72 horas. Es físicamente imposible", aun así, los de Herrero encontraban lo que nadie, ochenta, cien días y hasta años después.

En otra insólita participación en el mismo caso, dice Sasso en su libro que "el 31 de julio volvería a entrar en acción Yatel, siempre manipulado por su entrenador Herrero. Fue durante un procedimiento en el puesto de vigilancia de Origone. Ese día la querella gritó que tenía esclarecido el caso y que tenían la prueba irrefutable de que había sido la Bonaerense la responsable de la desaparición de Facundo. Se trataba de un amuleto en forma de sandía que a su vez en su interior tenía una vaquita de San Antonio, y que, según afirmaban, llevaba el chico al momento de ser secuestrado… Otra vez los peritos de la Federal y de la Prefectura no creían en nada de lo que observaban. No sólo porque sus perros ya habían estado en el lugar, en dos oportunidades y nada habían detectado, sino en la manera en la que volvió a actuar Herrero".

Sobre el hallazgo el propio Herrero dijo a los medios: "Le hago el señalamiento a Yatel y él centra su atención en un calabozo antiguo, que ahora lo utilizan como un almacenamiento de basura. En un momento empezó a ladrar entre siete y diez veces y va a buscar un objeto específico entre los escombros". Otra vez la teoría de la "esencia", sumado a que, esta vez, el objeto aparece en un depósito de acceso libre. Podía entrar y salir cualquiera.

Marcos Herrero participó de los casos más resonantes.

Por eso, la jueza se ocupó de ordenar una investigación en contra de Herrero por las maniobras desplegadas en Buratovich y Origone. "Resulta necesario y también forzoso que el Ministerio Público Fiscal, en su cumplimiento de sus deberes de facultades, investigue el accionar del perito, frente a la gravedad de las circunstancias apuntadas", indicó la magistrada. 

Huesos humanos y cartas: los extraños hallazgos de Herrero

La Dirección Nacional de Cinotecnia, un organismo que depende del Ministerio de Seguridad de la Nación, y que se ocupa de controlar la implementación de perros adiestrados en causas como búsqueda de personas o rastros, advirtió durante la semana pasada que Herrero no está certificado para hacer lo que hace y que jamás se presentó a rendir para tener aval.

Fuentes de ese organismo indicaron al diario Uno de Mendoza que el adiestrador "se aprovecha de la desesperación de los familiares de las personas perdidas, ofreciendo sus servicios con métodos de búsqueda y entrenamiento de sus perros poco creíbles y místicos basados en la 'energía' de las personas".

Además, en los casos en los que participó Herrero siempre hay restos de huesos humanos, los cuales no coinciden con la víctima pero que son efectivamente humanos; o cartas dejadas en le escena que explican todo el crimen

Ambos elementos aparecieron en el caso de Marcela López: alguien había colocado una misteriosa nota en el portón de la casa de la hermana de la mujer que decía que ellla "estaba enterrada" en la casa de Balado, su ex pareja. Fue por eso que las hijas, el adiestrador y el abogado logran convencer a la jueza Valeria López Lestón de que volvieran a buscar ahí y aparece lo que antes no.

Los dólares termosellados

Al ingresar a la casa con permiso de Balado, aunque no de la Justicia, Herrero, el abogado y las hijas lo hicieron junto al periodista Martín Muñoz, de  La Opinión Austral, que no vio el momento en el que encuentran los huesos ni tampoco los dólares termosellados, aunque Herrero sí le hace el comentario.

"El periodista sabe pero se calla", dijo recientemente en una entrevista radial el adiestrador, que no escatimó elogios para el periodista a quien le aseguraba que había ganado su confianza. 

Martín recuerda que Herrero "no dejó entrar a la fotógrafa, pero a mí sí me dejó pasar y todo el tiempo me marcaba las cosas que hacía. Después de que aparecieron huesos me tuve que volver al diario porque había vuelto la luz, así que yo no vi los dólares. A eso me lo comenta posteriormente"

El hallazgo de los dólares termosellados del 12 de julio, que aparecen en la casa que Balado tenía en alquiler, fue comunicado a la Justicia recién más de cincuenta días después, aunque sólo a la Justicia Federal, adonde llevaron una hipótesis que sabían que en el expediente de López Lestón sería descartada: el secuestro extorsivo.

Herrero es cuestionado por la Justicia de varias provincias.

Y es que esa idea se basa en una serie de audios de conversaciones registradas por las hijas de Marcela con la ex pareja de su mamá, quien les dice que a la mujer la "hicieron desaparecer" porque "sabía mucho" de supuestas maniobras de corrupción del kirchnerismo, ya que Balado es sobrino de un hombre que luego sería presentado en los medios porteños como el "administrador" de las propiedades de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner y sus hijos.

Pero esa teoría no hubiese avanzado un milímetro en el expediente del Juzgado de Instrucción 2, ya que varios meses antes, en junio, se incorporó un informe de peritos psicólogos que solicitó que Balado no fuera tenido en cuenta como testigo en el caso, dado que presentaba dificultades para expresar su ideas, como consecuencia de algún tipo de alteración en estado mental. 

Tiempo después, el juez federal de Río Gallegos, Claudio Vázquez, desestimaría la denuncia por el secuestro extorsivo sin pedido de rescate.

Como en los demás casos donde participó, el nivel de éxito que parece manejar Herrero, sumado a que no tiene habilitación para rastreo con canes, hizo que también en Santa Cruz, el fiscal del caso, Fernando Basanta, solicitara a la jueza que previo a darle autorización para buscar a Marcela tuviera que presentar un plan de trabajo y que siempre fuera en conjunto con la División de Canes de la Policía para que supervisara evitando cualquier nulidad.

Lo que pasó fue que el adiestrador sólo cumplió en lo que respecta a la "búsqueda de esencia" de Marcela durante un recorrido por la costanera y el muelle, donde los resultados fueron iguales a los que obtuvieron las fuerzas de seguridad: nada.

Es decir que, todo el periplo de las propiedades de Balado a las que se accedió por el terreno lindante fueron realizados fuera de lo acordado con Instrucción.

Por eso también resulta todavía más sospechoso el hecho de que, teniendo libre albedrio, porque el día del allanamiento a la propiedad de la expareja de Marcela no tenían quién los supervisara, no hayan registrado en video o fotos las cajas con los supuestos dólares termosellados, como sí registraron la aparición del maxilar y otras "pruebas".

Y es que al parecer los hallazgos que produce el adiestrador oriundo de Viedma no importan, sino que su misión es plantar la duda creando un holograma de realidad que se evapora más temprano que tarde, pero siempre después de haber recibido su pago.

Hoy, Herrero enfrenta cuestionamientos e investigaciones en varias provincias del país por sus intervenciones en casos de conmoción pública, pero en tanto y en cuanto quienes son auxiliares de una investigación sigan alimentando de la desesperación de las familias, habrá más coleccionistas de huesos sembrando en el dolor ajeno.

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