Corría el 1º de enero de 1992 en Argentina. Comienza a ponerse en efecto la Ley de Convertibilidad con una nueva moneda, el peso, que se cotiza igual que el dólar, y entre los próceres de los nuevos billetes aparece por primera vez Juan Manuel de Rosas.

El 17 de marzo una explosión destruye la embajada de Israel y provoca 30 muertes. Avanzan las privatizaciones. Este año pasan a manos privadas Gas del Estado, los ferrocarriles Roca (en su línea Zapala-Buenos Aires), el Belgrano, parte de Segba, Somisa, Obras Sanitarias y la Caja de Ahorro. Se agudizan el desempleo y la crisis social.

23 de septiembre de 1992: Cecilia Beatriz Glover (31) no fue al trabajo. Y tampoco estaba en su casa de la localidad de Versalles. Cuando su familia se enteró, comenzó a buscarla de manera desesperada. Cecilia se desempeñaba como tesorera, a cargo de la caja fuerte, de una empresa petrolera, Bolland S.A, ubicada en Suipacha al 200, Capital.

Al día siguiente: Se tapan las cañerías del edificio ubicado en Billinghurst 2143, Palermo. En las cloacas habían sido tiradas vísceras y piel humanas y un cuero cabelludo. También se encontró una bombacha y un corpiño. Posteriormente, se supo que pertenecían a Cecilia Glover. El resto del cuerpo habría sido trasladado a la calle en bolsas de residuos y, luego, depositado en los entonces camiones recolectores de basura.

“El corazón delator” (Edgar Allan Poe): “¡Es cierto! Siempre he sido muy nervioso, terriblemente nervioso. ¿Pero por qué afirman ustedes que estoy loco? La enfermedad había agudizado mis sentidos, en vez de destruirlos o embotarlos. Y mi oído era el más agudo de todos. Oía todo lo que puede oírse en la tierra y en el cielo. Muchas cosas oí en el infierno. ¿Cómo puedo estar loco, entonces?”.

En la víspera del episodio, Cecilia, como lo hacía habitualmente, antes de regresar a su casa pasaba por el domicilio de Graciela, su hermana. La noche del 22 de septiembre así lo hizo. Además, aprovechaba la visita para jugar con sus sobrinitas, a quienes les dispensaba un especial afecto. Esa misma noche, a Cecilia le costaba despedirse.

Demoraba su vuelta al hogar. ¿Presagio de algo en particular? ¿Sentiría Cecilia, inconscientemente, que sus horas estaban contadas?.

Relación afectiva de Cecilia

Se iba a cumplir ese 23 de septiembre un año de convivencia con Miguel Miquelarena. Al mes de convivir con Miquelarena, murió su madre, Esther Álvarez de Glover, afectada de una enfermedad desde hacía tiempo. El padre de Cecilia, en tanto, había fallecido siendo ella muy pequeña.

Miquelarena, de origen marplatense, la había conocido durante unas vacaciones de Cecilia en La Ciudad Feliz. Al poco tiempo, deciden vivir juntos y Miquelarena se traslada al domicilio de Cecilia, ubicado en Gallardo 939, Versalles. A todo esto, Cecilia viaja varias veces a Mar del Plata y entabla una bella relación con la hija de Miquelarena. En la casa de la calle Gallardo antes vivía Cecilia junto con su madre y su hermana.

“El corazón delator” (Poe): “Quería mucho al viejo. Jamás me había hecho nada malo. Jamás me insultó. Su dinero no me interesaba. Me parece que fue su ojo. ¡Sí, eso fue! Tenía un ojo semejante al de un buitre… Un ojo celeste, y velado por una tela. Cada vez que lo clavaba en mí se me helaba la sangre”.

Apuntes de historia familiar

Cecilia y Graciela, desde la muerte del padre, vivieron con su abuelo, ya que la madre había experimentado problemas emocionales. Graciela, siete años mayor que Cecilia, era, prácticamente, hermana y mamá. La protección siempre se manifestó muy fuerte en todo sentido: la ayudaba en las tareas escolares y también, acompañaba a Cecilia en todas las visitas médicas. Dos roles al unísono.

El sueño tan anhelado

Con mucho esfuerzo y dedicación, Cecilia planeaba -y lo había conversado con su pareja- comprar un departamento de un edificio que estaba por estrenarse en el barrio de Flores. Para ello habría ahorrado una importante suma de dinero que pensaba entregar como parte de una seña por esos días. Circunstancia que no pudo concretar, finalmente.

“El corazón delator” (Poe): “¡La hora del viejo había sonado! Lanzando un alarido, abrí del todo la linterna y me precipité en la habitación. El viejo clamó una vez… nada más que una vez. Me bastó un segundo para arrojarlo al suelo y echarle encima el pesado colchón. Sonreí alegremente al ver lo fácil que me había resultado todo”.

Empleada impecable

Desde hacía once años, Cecilia se desenvolvía como tesorera de la empresa petrolera. En esos once años no había faltado nunca. Ante propios y ajenos, era vista, no solamente como una trabajadora de gran perfil profesional, sino que, además, se podía poner “las manos en el fuego” por Cecilia en cuestiones de responsabilidad, compromiso laboral y honestidad.

Cecilia Glover era la empleada ideal para todo tipo de empresa que se preciara de importante nivel.

“El corazón delator” (Poe): “Presten atención ahora. Ustedes me toman por loco. Pero los locos no saben nada. En cambio… ¡Si hubieran podido verme! ¡Si hubieran podido ver con qué habilidad procedí! ¡Con qué cuidado… con qué previsión… con qué disimulo me puse manos a la obra! Jamás fui más amable con el viejo que la semana antes de matarlo. Todas las noches, hacia las doce, yo giraba el picaporte de su puerta y la abría… ¡oh, tan suavemente!”.

Quién era Jorge Rodríguez

Jorge Omar Rodríguez (26), compañero de Cecilia de la empresa Bolland. Había ingresado, precisamente, como cadete hasta alcanzar, luego, un cargo como asistente auxiliar administrativo.

Rodríguez alquilaba un departamento del edificio ubicado en Billinghurst. Las crónicas periodísticas de aquel entonces señalaban que se encontraba acuciado por varias deudas.

También se informaba que había pedido un préstamo de 50.000 pesos a la empresa cuando tenía solamente un sueldo mensual de 800 pesos (“Crónica”- 27 noviembre de 1992).

El edificio de Billinghurst 2143, escenario clave del crimen y la investigación (Archivo Crónica)

Otras versiones subrayaban que habría ejercido una presión muy fuerte sobre la infausta mujer, con tal de que le entregara (según testimonios de los propios empleados), en “las condiciones que fuera”, una valiosa cantidad de plata, habida cuenta de que Cecilia manejaba la caja fuerte.

Cecilia regresaba, siempre, a su casa con la llave de la caja fuerte. La llevaba permanentemente en su cartera. 24 de septiembre (la noche posterior a la desaparición de Cecilia): Varias amigas de Cecilia pasaron por su domicilio de Versalles con el objetivo de saber si se habían producido novedades.

Son recibidas por la pareja de Cecilia, Miguel Miquelarena. Ahí observan que se encontraba -había llegado un rato antes- Jorge Omar Rodríguez.

“El corazón delator” (Poe): “Si ustedes continúan tomándome por loco dejarán de hacerlo cuando les describa las astutas precauciones que adopté para esconder el cadáver. La noche avanzaba, mientras yo cumplía mi trabajo con rapidez, pero en silencio. Ante todo descuarticé el cadáver. Le corté la cabeza, brazos y piernas”.

25 de septiembre: Familiares de Cecilia Glover se apersonan hasta las oficinas de la empresa. Encuentran a Rodríguez con la cara arañada y las manos lesionadas. El argumento para justificar tal lesión, según su propio testimonio, era que se habría lastimado como consecuencia del arreglo de un lavarropas.

Cecilia Glover fue en un par de oportunidades al departamento que habitaba Rodríguez en la calle Billinghurst 2143 (lo confirmó el portero del edificio a “Crónica” el 26 de noviembre de 1992).

El motivo de aquellas visitas era comprarle a su compañero de trabajo elementos que traía desde el exterior, como diversos electrodomésticos, tal como consignaron versiones periodísticas en el momento de los hechos.

Al mes del episodio: La policía allanó el departamento de Rodríguez. Se empleó Luminol (compuesto químico que permite detectar manchas de sangre) y fueron encontrados pelos humanos y algún vestigio de sangre en una pared que había sido pintada poco antes (tal como se hizo saber, puntualmente, en el expediente) y también en el freezer. En consecuencia, la familia luego aportó un cepillo con pelos de Cecilia y las muestras obtenidas en el departamento se enviaron a Estados Unidos para determinar su ADN.

Se confirmó, posteriormente, que pertenecían a la mujer desaparecida. Asimismo, “Crónica”, en su edición matutina del 27 de noviembre de 1992, informó que en una de las paredes del departamento allanado “se pudo observar las marcas de un fuerte impacto como el de un cuerpo arrojado con particular violencia”.

La cañería tapada

Sucedió el 24, un día después de la desaparición de Cecilia. Líquido viscoso, con olor nauseabundo y pedazos de carne. El técnico (empresa Hidroservice) que realizó el destape le informó al portero que no se trataba de restos de un animal, sino que, puntualmente, podían ser humanos.

Segundo domingo de octubre: El portero (Jesús Rodríguez) retiró bolsas con desagradable olor del piso 12 (testimonio del portero al diario Clarín). Las bolsas tenían la particularidad de ser azules. No pertenecían al clásico modelo de las bolsas de residuos de consorcios.

El portero las sacó a la calle de movida, porque -según su propia declaración- no se toleraba el mal olor. Jesús Rodríguez a Clarín (28 de noviembre de 1992): “Esa mañana, después de sacar la bolsa celeste a la vereda, vi salir a Jorge Rodríguez. Me saludó y salió. Al rato fui a la panadería, de acá a la vuelta, y la bolsa ya no estaba. Me extraño mucho”.

Según detalló el encargado del edificio, el episodio de la cañería tapada no fue denunciado a la policía, ya que se habrían negado los inquilinos por “temor”.

El portero del edificio de Billinghurst mientras daba detalles a "Crónica" de lo ocurrido (Archivo Crónica)

23 de septiembre: Algunos vecinos se quejan ante el portero, señalando al departamento de Jorge Omar Rodríguez, por “ruidos molestos” ocasionados por una música, marcadamente elevada. En el expediente de la causa, también, se destacó que “los vecinos escucharon algo parecido al sonido de una sierra eléctrica”.

Un mes después de la desaparición de Cecilia Glover, la policía allanó el departamento de Jorge Omar Rodríguez (piso 12, departamento “E”) tal como consignó “Crónica” en su edición del 26 de noviembre de 1992. Encontraron algunos instrumentos quirúrgicos que -tal como informaron los medios en aquel entonces- “podrían haber pertenecido a la novia del sospechoso”.

Episodio descartado

El 28 de septiembre la policía informó sobre el hallazgo de un torso en la costa de Punta Lara, a los cinco días de la desaparición de Cecilia. “Crónica TV” lo dio a conocer en forma exclusiva. Familiares de Cecilia se comunicaron con el Juzgado de La Plata.

Dos días después, Graciela, hermana de Cecilia y Miguel Miquelarena, junto con su padre y un amigo, se trasladaron a la morgue platense. El trámite se desarrolló bordeando la madrugada del mencionado día. La familia Glover no identificó el cuerpo.

Noviembre: El juez penal Luis Fernando Niño (luego tomó la causa otro juez) ordena la detención de Jorge Omar Rodríguez. A los días, Miguel Miquelarena, pareja de Cecilia Glover, se muda a Mar del Plata, su ciudad natal. Cecilia Glover tenía, en sus manos, uñas largas y duras, capaz de generar un importante daño en la piel de cualquier mortal.

Las amenazas

Durante varias noches, en plena madrugada, la familia Glover recibió los siguientes mensajes en su contestador telefónico: “Hola... Cecilia te quiere hablar...”, a continuación se escuchaban llantos de una mujer.

A todo esto, la familia Glover había pedido la intervención del teléfono, circunstancia que, por ese entonces, fue denegada por el juez.

El día de la desaparición

Cecilia Glover salió de su domicilio, en la calle Gallardo, Versalles, como lo efectuaba normalmente, a las 7.45 de la mañana (ingresaba a las 9 en el trabajo), en tanto que su pareja (Miguel Miquelarena) se trasladaba a su trabajo media hora antes.

Según el testimonio de una vecina, desde una carnicería, puntualmente, la vio salir a Cecilia de su casa en el horario apuntado. A todo esto, la misma vecina había observado el movimiento sospechoso de un auto que paraba, arrancaba nuevamente y regresaba al frente de la casa de Cecilia Glover. Lo hizo en varias oportunidades.

En tanto, la parada de los colectivos estaba ubicada en Nogoyá, a una cuadra y media de su casa. Cecilia Glover tomaba las siguientes líneas: 109 o 47.

La policía investigó si Cecilia Glover había viajado el citado día en algunas de las líneas señaladas. Y se comprobó que no lo había hecho. Tanto para su ámbito de amistades como para sus compañeros, el itinerario que Cecilia realizaba desde su domicilio hasta el trabajo era altamente conocido. ¿Fue levantada Cecilia Glover en la parada o en las inmediaciones por un vehículo que podría ser conducido por una persona conocida por ella? La hipótesis, con el paso del tiempo, cobró cada vez más fuerza.

Jorge Omar Rodríguez ingresaba a la empresa en el mismo horario que Cecilia Glover, es decir, a las 9 de la mañana. Interrogante: ¿Por qué Jorge Omar Rodríguez ingresó ese mismo día, el 23 de septiembre, cinco horas más tarde?.

En tanto, los rasguños en su rostro y las lesiones en su mano obedecían, según la declaración que efectuó a la empresa (tal como consignó “Crónica” en su edición del 27 de noviembre de 1992), al siguiente motivo: “Un accidente al arreglar un caño de desagüe de un lavarropas obstruido”.

Jorge Omar Rodríguez se negó, siempre, a declarar ante la Justicia y fue puesto en libertad, luego de estar detenido durante casi un año, por falta de mérito. La causa iba a derivar en juicio oral. Al tiempo quedó archivada.

Las cañerías del edificio de Billinghurst se taparon entre las últimas horas del día 23 de septiembre y las primeras horas del 24. Jorge Omar Rodríguez siguió trabajando en la empresa hasta un mes después de la desaparición de Cecilia Glover. Fue detenido mientras continuaba aún llevando a cabo sus habituales tareas.

24 de diciembre de 1993 (a dos días de haber quedado en libertad el único imputado en la causa).

En la casa de la hermana de Cecilia Glover, entre varios llamados registrados en el contestador telefónico, se encuentra el siguiente: “Decile a la gorda (por Cecilia Glover) que aparezca”. El casete, con el mensaje grabado fue llevado al Juzgado, pero se desestimó debido a que no podía obrar como prueba.

“El corazón delator” (Poe): “Cuando hube terminado mi tarea eran las cuatro de la madrugada, pero seguía tan oscuro como a medianoche. En momentos en que se oían las campanadas de la hora, golpearon a la puerta de la calle. Acudí a abrir con toda tranquilidad, pues ¿qué podía temer ahora? Hallé a tres caballeros, que se presentaron muy civilmente como oficiales de policía. Sonreí, pues… ¿qué tenía que temer? Di la bienvenida a los oficiales y les expliqué que yo había lanzado aquel grito durante una pesadilla".

"Les hice saber que el viejo se había ausentado a la campaña. Llevé a los visitantes a recorrer la casa y los invité a que revisaran bien. Finalmente, acabé conduciéndolos a la habitación del muerto. Al cabo de un rato, empecé a notar que me ponía pálido y deseé que se marcharan. Me dolía la cabeza y creía percibir un zumbido en los oídos; pero los policías continuaban sentados y charlando. ¿Era posible que no oyeran? ¡Santo Dios! ¡No, no! ¡Claro que oían y que sospechaban! ¡Sabían… y se estaban burlando de mi horror! -¡Basta ya de fingir, malvados! -aullé-. ¡Confieso que lo maté! ¡Levanten esos tablones! ¡Ahí… ahí! ¡Donde está latiendo su horrible corazón!”.

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