Por Francisco Nutti 
@frannutti 

Julio César Bulacio está por cumplir 71 años y lo que gana como jubilado no le alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Producto de su precario ingreso y también, según dice, por amor al trabajo, decidió salir a la calle bajo el fuerte sol en la localidad bonaerense de José Mármol, en el sur del conurbano, para vender facturas, panes dulces, budines, roscas y pastafrolas, con el objetivo de acercarle a su familia una entrada extra.

“Me levanto a las 4 de la mañana para cocinar los panes y a las 9 me vengo a vender. Primero empecé en una esquina antes del paso nivel, pero otros comerciantes me echaron, hasta que encontré este lugarcito bajo un árbol en Amenedo y Lasserre y acá me instalé”, indicó a Crónica el abuelo que trabajó durante 38 años en el sector gastronómico del Hipódromo de Palermo y que ahora, pese al calor o la lluvia, sale a comercializar sus productos caseros junto a su yerno Daniel Alejandro Gómez, quien lo acompaña hasta el atardecer.

“Trabajo de martes a domingo. Y pese a que la jubilación no me alcanza y que cada vez es más lo que hay que pagar, estoy todo el tiempo con buen humor y con una sonrisa porque siento amor por mi trabajo, porque con esto logré muchísimos nuevos amigos y clientes que esperan con ansias lo que yo hago”, expresó.

Además, señaló que una gran cantidad de personas no opta por la compra al paso sino que prefiere hacerlo por encargo. Siempre prolijo y educado, Bulacio se calza su uniforme blanco, actualiza los carteles donde exhibe sus delicias y agradece a Dios que nunca tuvo que pasar por un hecho de inseguridad.

“Por el barrio nunca se desató nada raro, estoy tranquilo. Ahora tengo que hacer un cartelito nuevo porque el que tengo está así nomás”, dijo, y aclaró que a medida que se hizo conocido por la zona, sus ventas se agrandaron.

Complicaciones
Pese a su optimismo, también reconoce que la situación está muy difícil. “Tengo una hija, un hijo y a mi señora, quienes también aportan su granito de arena para salir adelante, pero está bravo. Por ahora estoy vendiendo bastante mercadería pero entre el gas, la luz, mantener la casa y el auto, todas las ganancias se van rápido”, comentó.

Bulacio sabe que la clave es tratar al cliente con respeto y responsabilidad. Además de vender productos de primera calidad. Por eso, todos los días, tiende la mesa con un mantel blanco, coloca una sombrilla y se sienta a esperar que pase alguien. O, mejor dicho, alguna persona que tenga ganas de comer algo rico y artesanal.

La semana pasada, una de sus clientas, Patricia Liliana Villalva, publicó su historia en Facebook y el resultado fue sumamente encantador. “No está buscando trabajo, hace lo que le gusta y así está bien. Hoy por ti, mañana Dios dirá”, contó la mujer en la red social, por lo que obtuvo miles de “Me gusta”, cientos de comentarios y la historia fue compartida más de 4.000 veces por usuarios que replicaron en sus perfiles la humildad de este señor, que hace maravillas con sus manos.

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