Después de tres días de una búsqueda desesperada, los bomberos hallaron finalmente el cuerpo sin vida de Ezequiel Núñez, el remisero que había caído en una boca de tormenta cuando intentaba empujar su auto en medio de un temporal en Benavídez.

Una tragedia que muchos creen pudo haberse evitado si se hubieran llevado a cabo mayores controles de los desagües por parte del municipio. El cuerpo del trabajador había quedado atrapado entre la vegetación que crece paralela al arroyo El Claro, a unos 6 kilómetros del lugar en donde se lo vio por última vez con vida.

Núñez era buscado intensamente por ocho embarcaciones, drones, buzos tácticos y perros de la policía. Fue uno de los animales quien marcó el lugar ubicado cerca del cruce del arroyo con la avenida Italia.

En el momento en el que fue succionado por una boca de tormenta, Núñez, que iba con un pasajero a bordo, perdió el control del vehículo y empujaba el auto para retomar su camino. La boca de tormenta por donde había desaparecido el remisero corresponde a un canal entubado que pasa por debajo de dos barrios cerrados y tiene como objetivo desagotar el agua de lluvia.

Participaron de su búsqueda Defensa Civil Tigre, Bomberos Voluntarios de la zona y Prefectura Naval Argentina, entre otros organismos. En tanto, la investigación está cargo de la fiscal Laura Capra, de la Unidad Funcional de Instrucción (UFI) descentralizada de Benavídez.

En principio, la autopsia indicó que Ezequiel murió en el acto.

El principio del fin

Todo comenzó el miércoles antes de las 7 de la mañana, cuando Núñez circulaba con un pasajero, identificado como Guillermo Leyva, por las calles Mendoza y Alvear, en medio del temporal y a pesar de que en la cuadra había una gran cantidad de agua acumulada.

De repente, Núñez perdió el control del vehículo y su auto quedó estancado en una zanja. Decidió bajarse para empujarlo, mientras que el pasajero salió por la ventana y se subió al techo.

Fue en ese momento que el agua lo arrastró y fue succionado, de acuerdo con el relato del testigo, por una enorme boca de tormenta que conduce al arroyo y luego al río Luján.

Claudia, la dueña del remís, contó que el remisero “conocía perfectamente la zona, pero la tormenta lo superó” y lo describió como un “chico divino y trabajador”.

“El vehículo se empezó a mover con el agua, perdió el control. Le dijo al pasajero que saliera por la ventana, él intentó empujar el auto y se cayó al desagüe”, contó la mujer.

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