Por Florencia Guerrero

fguerrero@cronica.com.ar

Del fairplay al me too. Esta semana el fútbol volvió a ser triste noticia por una denuncia vinculada a la violencia de género. El domingo pasado, el jugador Miguel Brizuela fue expuesto por la madre de su pareja, Melina Neto, que denunció penalmente al defensor de Vélez por haberla agredido físicamente la noche anterior. La mujer, además, contó que no era la primera vez que ocurría, por lo que después de la acusación el Fortín activó un protocolo contra la violencia de género.

Tristemente, en lo que va de 2020, se registraron ya al menos cuatro denuncias contra deportistas de distintos clubes: además de Brizuela, en los primeros meses del año Sebastián Villa, Ernesto Farías y el ex futbolista Carlos Arano fueron acusados por sus parejas.

"Me quiso matar", declaró ante la Justicia una trabajadora sexual de nombre Nadia, sobre el "Tecla" Farías, que el 7 de junio habría mantenido una discusión violenta con la joven, en medio de una fiesta en su casa de La Plata. La joven no avanzó con la causa, aunque trascendió que hubo un acuerdo económico extrajudicial, algo que se repite en varios casos.

En el caso de Villa, la denuncia fue realizada por Daniela, su pareja. Primero mediante un posteo de Instagram y luego ante la Justicia, en la que la víctima relató los maltratos sufridos por parte del delantero de Boca, y mostró imágenes de los cortes y moretones que le produjeron los golpes recibidos. En su declaración en la fiscalía de Esteban Echeverría, Daniela aseguró que algunos meses antes había perdido un embarazo, también por los golpes del colombiano, que quedó más complicado por algunas conversaciones de WhatsApp.

Mientras en mayo, la Policía de la Ciudad detuvo al ex defensor de River y Racing Carlos Arano, que había sido denunciado por amenazas por su ex, con quien terminó hace algo más de un año, pero sigue vinculado por los hijos en común. Con la denuncia a "Chiche", se promedió casi la misma cantidad de denuncias que el gremio deportivo recibió sólo en 2019, otro año olvidable.

Ya en febrero del año pasado el mediocampista de Gimnasia Hernán Tifner fue apuntado por su ex pareja por "comportamientos violentos y amenazas" y presentó ante la Justicia un video en el que se veía al jugador rayándole el auto con una piedra. Recién cuando el caso tomó estado público, el Lobo rescindió el contrato al cordobés, que se fue a Huracán Las Heras, del Federal A.

Tres meses después, el césped volvió a mancharse públicamente con una denuncia a Lautaro Acosta. Otra vez una ex, Ludmila, apuntó al deportista de Lanús por "agresiones físicas y verbales y maltrato psicológico". La chica contó que los hechos de violencia continuaron, aunque se separó del jugador, poco tiempo después del nacimiento del primer hijo de la pareja. A pesar de las declaraciones de la mujer, el futbolista siguió jugando y sin consecuencias judiciales.

Es que en el fútbol argentino, donde sólo 5 de los 24 clubes de Primera División tienen protocolos para abordar la violencia de género, sigue mandando el "siga, siga", de Francisco Lamolina.

Como en el caso del defensor de Patronato Lucas Mancinelli, que a pesar de ser denunciado por "lesiones en contexto de violencia de género", y tener una orden de restricción, recibió la autorización para seguir su carrera en Deportivo Cuenca de Ecuador.

O el delantero Jonatan Cristaldo, que también en 2019 fue acusado por Morella de Las Heras, su esposa y madre de sus dos hijos, que además de la presentación judicial filtró un video en redes sociales en el que se le veían hematomas en el rostro y acusaba al jugador de golpearla y arrastrarla por el suelo. El castigo que la Academia le dio a su jugador fueron cinco días sin jugar. La buena noticia es que después de este hecho el club de Avellaneda adhirió al Plan de Eliminación de las Violencias en el Deporte, creado por la Secretaría de Deportes de la Nación.

Ese mismo año hubo una denuncia que involucró al jugador de River Rafael Santos Borré. El delantero habría ejercido violencia física contra la piloto Romina Ré en un caso que fue archivado a los pocos meses por la Justicia. También el club, que en su momento no reprendió al colombiano, anunció este sábado que comenzará a aplicar un protocolo de actuación para la prevención e intervención ante situaciones de discriminación o violencia de género.

Sólo 5 de los 24 clubes de Primera División tienen protocolos para abordar el tema de la violencia de género.

Desde la vereda de enfrente, los Xeneizes también tienen lo suyo: por un lado, en 2017, Ricardo Centurión fue denunciado por Melisa Tozzi por "violencia verbal y física", y si bien el entonces atacante de Boca recibió una restricción perimetral, no fue sancionado por el club de la Ribera. El que sí puso sus cuestionamientos para su pase fue Vélez: aunque la causa fue archivada, el área de género del club pidió que se incluya una cláusula a su contrato, donde se estableció que ante un caso de violencia de género se podría rescindir el vínculo.

También Edwin Cardona, Wilmar Barrios y Frank Fabra quedaron envueltos en uno de los casos más explosivos y mediáticos, en enero de 2018, cuando los tres fueron denunciados por dos mujeres por "abuso sexual, lesiones leves y amenazas", luego de participar de una fiesta privada en un departamento de Puerto Madero. Luego de conocerse audios en los que los involucrados intentaban convencer a las mujeres para retirar la denuncia, finalmente los tres fueron sobreseídos.

El antes y después, en cuanto a la violencia machista en el fútbol, llegó con el caso de Alexis Zárate, primer condenado por la Justicia. El defensor fue denunciado en septiembre de 2017 por el abuso sexual agravado de Giuliana Peralta. En la causa se logró establecer que el futbolista, que en ese momento estaba en Independiente, violó a la víctima mientras dormía junto a quien era su novio. A pesar de la condena, Zárate sigue con su carrera, y hasta se fue a jugar a la liga de Letonia. En diciembre del 2019, la Suprema Corte de la provincia de Buenos Aires ratificó el fallo de la cámara, pero el deportista goza de libertad porque el fiscal no pidió su detención.

Pero volviendo a Lanús, el caso de Acosta no es nuevo. Cuando al actual arquero del club, Agustín Rossi, fue denunciado en 2016 por su ex pareja, Bárbara Segovia, todavía le restaba sumarse a Boca. Meses antes de su llegada el club, la denunciante posteó en Facebook un mensaje en el que contaba las agresiones que recibió por parte del deportista, además de mostrar imágenes de sus moretones y capturas de distintas charlas de WhatsApp en las que Rossi confirmaba haberla golpeado. "Vos sabés que esto es difícil porque es jugador de acá", contó la víctima que le respondieron en una comisaría de City Bell, sobre la denuncia que intentó hacer contra el joven salido de Estudiantes de La Plata.

Si vos o alguien que conocés vive alguna situación de violencia, llamá gratis al 144 o buscá algún centro de atención cercano.

La lista negra sigue con el defensor Fernando Tobio, que no recibió una denuncia en la Justicia, pero en 2018 se volvió viral un video donde se lo veía golpeando a una mujer y a un hombre a la salida de un bar, luego de lo cual Rosario Central decidió aplicarle una multa al jugador, además de organizar una charla sobre la temática de género en el plantel.

A partir de la movilización y del #NiUnaMenos, muchas mujeres comenzaron a denunciar. Como dato, el primero en ser señalado por un hecho de estas características fue el lateral de la Selección Renzo Saravia, acusado en 2016 por Camila Guevara, su pareja.

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