"Ahora estaría pensando en los preparativos, cuál sería el menú, qué comprarle de regalo, las cosas que le gustaban" , dice Graciela , la mamá de Fernando Báez Sosa, en diálogo con Cronica.com.ar. Es que aunque sostiene que “todos los días son difíciles”, el dolor cala más hondo en las fechas en las que todo debería ser lo opuesto a la cruda y triste realidad.  El 2 de marzo de este 2021, Fernando habría cumplido 20 años. Seguramente rodeado de todos sus afectos, hubiera soplado las velitas y la postal reposaria en la cómoda del comedor. Pero no. El 18 de enero del año pasado, unamanada de rugbiers lo atacó brutalmente a golpes hasta quitarle la vida , en la ciudad balnearia de Villa Gessell, donde el joven vacacionaba con amigos. 

“Es un año más que voy a pasar su cumpleaños sin él”, solloza. Graciela habla pausado. El dolor tiñe el tono de cada palabra. Aunque de tanto en tanto, algún recuerdo le roba una sonrisa. Era muy amiguero, ya desde chiquito”, recuerda. "Le encantaba festejar su cumpleaños, siempre invitaba a sus amigos de primaria y secundaria", relata. Tal es así que en su último cumpleaños, el número 18, “lo festejó como era él”. Con todos sus amigos del secundario, del colegio Marianista, en la plaza “que queda cerca de casa” donde pasaron toda la tarde, dice Graciela. Eran un total de 38 chicos. "Tiré sábanas, llevé la comida y las bebidas, la torta", agrega. También recuerda que el festejo fue doble, ya que a la noche lo celebró con sus ex compañeros de primaria del Instituto Maria Bianchi de Copello. "Así trato de recordarlo, lo extraño muchísimo”, confiesa. 

Un cumpleaños de Fernando Báez Sosa, rodeado de sus amigos. 

A diferencia de años anteriores, este martes 2 de marzo Graciela dice que homenajeará a su hijo con “algo bien chiquito”, junto a su marido. “Quiero estar sola, en silencio, recordando los buenos momentos que pasamos con nuestro hijo”, agrega. Quizás se acerquen al cementerio a dejarle unas flores. “Extrañaré mucho no poder darle su abrazo, cantarle, compartir la torta, todo eso, no va a existir”,dice. 

Su habitación está intacta. Tal cual la dejó ese viernes 10 de enero del 2020 para irse junto a sus amigos a un viaje a la Costa, del que nunca regresó. "Ayer le lavé su acolchado, pensando en el 2 de marzo, que es su cumpleaños, y pienso ponerle todo bien limpito como a él le gustaba", dice en diálogo con este medio.  

“Vivir en un calvario”

Muy lejos de apaciguarse, el dolor que Graciela siente cada vez se hace más grande. Después de siete meses de haber recibido la trágica noticia del asesinato de su hijo, Silvino y ella decidieron retomar el trabajo “para despejar la cabeza” . Graciela se dedica al cuidado de personas adultas, mientras que Silvino trabaja en una clínica médica haciendo mantenimiento y como encargado del edificio en el que viven. Sin embargo, nada alcanza. “No existe minuto, ni segundo que deje de pensar en Fer. Se me viene todo a la cabeza ”, remarca. El regreso del trabajo a la casa es uno de los momentos más duros del día . El silencio ensordecedor del ambiente, siempre suele desembocar en un llanto desconsolado. "Cuando llego a casa no está mi marido y lo saludo a Fer, ahí empiezo a bajonearme ”, cuenta. Rompe en llanto. Su vida se convirtió en una lucha constante por no olvidar a Fernando, que requiere de un esfuerzo continuo, pero aliviador, para mantenerlo vivo en su memoria. Sentir su ropa, su olor, su perfume, mirar sus fotos le devuelve un poquito de vida. 

Era hijo único. Un chico compañero y muy cariñoso de sus padres”, así lo describe Graciela. “Siempre tratamos de darle lo mejor, y él siempre nos hacía sentir muy orgullosos con las buenas notas que traía”, dice. Graciela subraya que "fue un niño muy buscado”. Después de dos años de casados, a los 28 años de ella llegó Fernando para traer alegría al hogar. “Era un chico muy bueno, muy travieso, pero también tímido. Muy dedicado a sus estudios”, cuenta. 

Foto del cumpleaños número 18 de Fernando Báez Sosa, el último que pudo festejar con sus amigos.  

"Le pido fuerzas para seguir"

El dolor no da tregua. Calma de a instantes pero no cesa. No puedo aceptar que Fernando no esté. Siento que cada día voy decayendo un poco más ”, confiesa.

 “Cuando se pierde un hijo, se pierde todo, la noción del día, de la noche, las ganas de vivir. Siento que camino sin sentido. Antes era distinto, estaba mi hijo, tenía ganas de luchar para darle lo mejor. Ahora es vivir al día a día sin tener un motivo ”, dice. Sumado a la cuarentena del año pasado. Lo que más me dolía es que no podía ir a visitar a mi hijo al cementerio”, puntualiza. 

La Fe es un bálsamo al que recurre Graciela. Trato de aferrarme mucho en rezarle a Dios e ir a la iglesia. Todos los días le pido fortaleza. No soy fuerte, trato, pero hay días que no tengo ganas de levantarme, quiero estar tirada en la cama, quiero que vuelva y sé que no va volver. Entonces le pido fuerzas para poder seguir ”, cuenta. 

Graciela y Silvino Báez Sosa, los padres de Fernando, piden justicia. 

No encuentra paz en nada ni en nadie. Solo intenta que los días transcurran hasta que llegue el momento en el que se haga justicia. Antes me gustaba cocinar, lo hacía con mucho amor, pero hoy todas esas ganas desaparecieron de mí. Siento que con la muerte de Fer se fue toda nuestra alegría y nuestras ganas de vivir. Y nunca volverá ”, dice. 

Las visitas al cementerio de Chacarita son junto a su marido los domingos, por la mañana. Allí se llevan sus sillas, se sientan y se quedan por tres horas “en las que conversan en silencio con su hijo”. “Tratamos los dos de sobrellevar juntos este calvario de nunca acabar, porque esto es para siempre, Fernando nunca va a volver ”, dice. 

Todavía tiene presente la última vez que lo vio con vida. Era un viernes, 10 de enero de 2020, y como era el segundo viaje que Fernando hacía con amigos Graciela pidió permiso en el trabajo para almorzar con él. “Conversamos, preparamos lo que faltaba y lo acompañé de donde salían”

Esa imagen, del principio al violento final Graciela se niega a aceptar que forman parte de la misma película. Tal es así que el video del ataque de los rugbiers del que fue víctima su hijo en la puerta del boliche de Villa Gesell, registrado por las cámaras de seguridad de la zona, recién pudo verlo un año y un mes después . “Nunca me había atrevido a verlo, ese momento en él que está arrodillado y lo tiran al piso”, dice. 

 “Lo golpearon de una manera tan cruel a Fernando. ¿Cómo le pueden haber hecho lo que le hicieron, sin piedad, patearlo tan brutalmente, como una cacería, sin darle la oportunidad de defenderse? ”, Se pregunta. Y agrega: “ Nunca me imaginé que podía pasar esto, como madre uno siempre se preocupa, pero Fernando nunca me dio problemas, era un chico muy decente. Nunca pensé que se podía cruzar con estos asesinos que estaban preparados para asesinar ”.

La llegada del juicio oral que les traiga justicia es el único motivo que a su marido ya ella la mantiene en pie. Los ocho detenidos por el crimen permanecen alojados en la Alcaidía de Melchor Romero imputados por el delito de homicidio agravado por el concurso premeditado de dos o más personas . Aún la fecha no fue fijada debido a que la defensa de los rugbiers volvió a apelar.

El 2 de marzo de este 2021, Fernando habría cumplido 20 años.

“No veo la hora de que llegue el momento y estos asesinos sean condenados” , dice. Aunque sabe que la sentencia no le devolverá a su hijo, espera que los rugbiers “ reciban la máxima condena”. “Que paguen lo que hicieron, porque la vida que llevamos nosotros, no es vida, estamos muertos”, subraya. 

Después de un año y un mes del asesinato de Fernando, ni los acusados ni sus familiares se comunicaron con Graciela y Silvino . Son unos cobardes. Solo un cobarde le hace eso a un chico decente que no les hizo nada ”, dispara.

 Graciela destaca el rol que ocupan en sus vidas, los abogados Fernando Burlando y Fabián Améndola, quienes no solamente llevan la defensa en la causa judicial, sino que también están pendientes de su estado de ánimo. “Estamos muy agradecidos, sin ellos nosé que sería de nosotros ”,  remarca. Además, les transmiten tranquilidad, ya que sostienen que “no hay posibilidades que le den domiciliaria”, a los acusados. “La pena máxima es lo que nosotros pedimos porque a mi hijo lo masacraron sin piedad alguna, quiero una justicia ejemplar para que no exista otro Fernando en esta vida” , cerró.

Foto tomada en el último cumpleaños de Fernando Báez Sosa, con vida. 







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