Walter Ezequiel Soraire de 29 años el domingo pasado 27 de junio recibió un balazo en la cabeza que resultó fatal al participar de la fuga de la cárcel de Piñero en la que ocho internos escaparon, aunque cuatro ya fueron recapturados. "Fue el ´perejil´ del operativo", sostienen los vecinos del barrio de la ciudad de Rosario donde se crió. 

Soraire fue uno de los cuatro hombres que desde afuera colaboró para lograr la evasión. Durante el ataque, con su rostro cubierto por una capucha, y armado con una amoladora portátil, cortó dos de los alambrados perimetrales de la prisión para abrir el camino a la fuga, quedando en la primera línea de fuego. Así fue que cuando los agentes penitenciarios descubrieron la maniobra se desató un enfrentamiento y Soraire fue alcanzado por un disparo calibre 9 milímetros que aún no se sabe de que arma partió pero que le quitó la vida.

La gente del barrio rosarino de Flamarión al 5000, donde reside la familia del joven muerto sostienen que "no era ningún peso pesado del hampa", según consignó "La Capital"Trabajaba como cartonero y a veces vendía verduras puerta a puerta. Solo tenía un par de antecedentes penales y su único gran problema era la adicción a la cocaína. En el barrio lo conocían como “Walterio” y aseguran que no pertenecía a banda alguna.

En la zona de villa Flamarión varios vecinos conocen a la familia de Walter. Pero ni su madre ni sus parientes quieren hablar por miedo. 

Un hombre que lo conoció desde chico contó que "fue a la escuela hasta los 16 o 17 años". Terminó el segundo año de la secundaria y después empezó a consumir y comenzó a tener "graves problemas de adicciones". "Tomaba cocaína y fumaba marihuana desde los 16 años. Sé que la familia lo llevó a un instituto de rehabilitación y que estuvo una semana internado ahí, habrá sido hace dos años. Pero después lo mandaron a la casa y ahí se quedó”, agregó. 

Sus antecedentes penales datan de junio de 2008, cuando siendo menor fue acusado por un robo calificado. En junio de 2011 sumó una causa por tentativa de robo y en marzo de 2020 una última imputación fue por encubrimiento de robo. Todo en jurisdicción de la comisaría 15ª. Según los vecinos “todo lo hacía cuando no tenía plata para pagar las drogas, algo que empezó de chico. La familia trataba de contenerlo pero él se perdía, se iba por dos o tres días y no se sabía dónde estaba”, aseguran.

Aunque en un primer momento se especuló con que Walter podía formar parte de la banda narco de “Los Gorditos”, esa teoría fue rápidamente descartada. 

 “Ni siquiera andaba haciendo bardo. Era un pibe tranquilo, que salía a vender frutas y verduras o a cartonear. Pero después con esa plata se drogaba y se perdía. No llevaba nunca armas, ni sabía tirar, si te robaba algo era para comprar merca, pero no robaba más. Trabajaba y vivía con la madre y el hermanito, que es discapacitado. El nene está destrozado igual que la familia, que no entiende qué pasó, cómo llegó a estar en ese lugar", contó un allegado a los Soraire.

“Era un chico manipulable, capaz que le ofrecieron un poco de cocaína y aceptó cortar el alambrado. Por ahí estaba muy drogado. Nadie que esté bien se mete ahí o hace lo que él hizo. Si lo hubieran amenazado la familia lo sabría, pero ellos no dicen nada, tienen mucho miedo. No se explican cómo fue que llegó ahí el pibe, no lo pueden creer”, cuentan los amigos de Walter.

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