Un hombre de 78 años fue encontrado muerto, con sus pies y manos atadas, en el piso de la habitación de la casa donde vivía solo, ubicada al oeste de la capital tucumana. El cuerpo de la víctima, identificada como Antonio Moreta, fue encontrado el lunes alrededor de las 13 en su casa del barrio Villa Luján y la policía llegó allí a raíz de la denuncia de vecinos por un olor que salía de la vivienda. 

Las fuentes dijeron que, en base a los primeros peritajes, Moreta murió unas 48 horas antes de ser encontrado, aunque aún no se determinaron las causas de la muerte debido a su avanzado estado de descomposición.

Los pesquisas que trabajaron en la vivienda establecieron que si bien la puerta principal se encontraba cerrada y asegurada con una cadena, había una puerta del patio trasero que había sido abierta con una barreta.

La investigación está a cargo de la Fisacalía Especializada en Homicidios II, subrogada por Adriana Giannoni, quien espera los resultados de la autopsia que realizará el Cuerpo Médico Forense del Ministerio Público Fiscal (MPF), para avanzar en el caso.

Según se pudo saber, Moreta habría mantenido incontables discusiones con integrantes de familias que residían a la par de su casa. Se trataba, al parecer, de conflictos de convivencia.  A la vez, fuentes policiales confirmaron que a fines del año pasado se había concretado en ese lugar un allanamiento por orden de la Justicia. Allí, se habían secuestrado motopartes sin registros.

Vecino de la víctima contaron que Moreta vivía en el lugar desde hacía varias décadas. “Lo conocía desde hace tiempo. Era una buena persona. Vivía solo, pero venían los hijos a visitarlo”, contó Laura Salvio, residente de la zona. “No sé lo que pasó (por el caso). Era un buen vecino”, insistió la mujer.

El hombre pasaba los días encerrado su vivienda. No salía de manera frecuente. Y si lo hacía, era para ir al Mercado Frutihortícola de Tucumán (Mercofrut) o al médico, de acuerdo a los comentarios de los conocidos de la vecindad que reflela el sitio Contextotucumán.com.

“Era un hombre muy bueno. Nos contaba su historia. Nos decía que era muy feo estar solo. Se lamentaba porque los hijos no lo veían (seguido). No nos cortaba la charla cuando nos veíamos. Parece que se sentía tan solo que necesitaba conversar con alguien”, consideró Antonia, otra vecina del difunto.