Por María Helena Ripetta
@mhripetta

"Me siento como si no valiera nada mi vida, que no les importa, que les da igual si mañana me muero tan sólo del simple hecho de ser mujer y ser chica", dice a Crónica Victoria Mateluna, a quien en marzo de 2019 la violaron en manada en el barrio Santa Rosa de Florencio Varela, cuando tenía 17 años.

Aseguró: "Lo que quiero de la Justicia es que se muevan más, que vuelva meter a los que liberaron, porque hay otras cosas que los complican a ellos, y que investiguen a los que faltan, porque falta gente y que la gente hable, porque no es joda". El juez Diego Carlos Agüero elevó a juicio a los once acusados de violarla en manada, que aún no tiene fecha y seis lo esperan en libertad.

"Recibí amenazas de muerte en su momento. Así como Nehemías Ezequiel Fernández se dio la fuga, los que liberaron podrían hacerlo. A uno de los que los liberaron no le hicieron ni si quiera el ADN", sostiene la víctima.

"Tengo mis días. Últimamente me pasa que estoy con amigos y veo los rostros de los que me violaron. Estoy encerrada sin ganas de nada o a veces estoy de mal humor. Cuando me enteré de que los liberaron me dio miedo y también tristeza. Estaba en el mercado y me puse a llorar, me da bronca", dice Victoria, que vive con su pequeña hija.

Y continua: "Antes de que me hicieran esto yo era más social. Tengo mis amigos, pero hay días que de la nada los trato mal, me pongo de malhumor o triste y desconfío de todo el mundo. Me da tristeza ser así, tirarme a la cama sin saber qué hacer, sentirme insegura de mí misma, de echarme la culpa a mí, de sentir que mi palabra no vale nada, de que se rían en la cara".

Aquella noche, una amiga le había dicho de ir a una fiesta, donde la sometieron a golpes e insultos. Victoria despertó en la cama desnuda y sobre el piso mojado que olía a lavandina. "Andate", le dijo el dueño de la casa cuando despertó. Ella los denunció.

"Me da bronca que se hagan los inocentes y suban cosas sabiendo la realidad de los hechos, y encima tapan a otras personas", cuenta. Victoria había vivido en hogar de madres adolescentes, en aquel momento estaba con su tía en casa precaria. El padre de su hija era su padrastro, que la había violado desde que era pequeña. La vida de los acusados era otra.

"Cuando me pasó eso, estuve noches sin dormir, días en que salía toda tapada pensando que cada persona que pasaba era amiga de los acusados. Trato de estar tranquila, pero hay días que no paro de llorar. Antes de ayer me agarró una crisis, lloré tan fuerte que me agité y todavía estoy afónica", cuenta.

Eran chicos de entre 19 y 24 años, y uno menor de edad, de mucho mayor poder adquisitivo que ella: "Quiero preguntarles por qué me hicieron lo que me hicieron ellos. Si tanto dicen ser inocentes, que digan quiénes son los culpables, porque ellos mismos dicen conocerlos".

"Sólo quiero vivir en paz, aunque lo que me hicieron no tiene vuelta atrás y me duele mucho, porque gran parte de mí está vacía y ellos riéndose como si no pasara nada", reclama.

Por M.H.R.

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