Yamina Kroh, madre de Nahir Galarza, fue la primera en declarar en el inicio de la novena jornada del juicio contra su hija por el crimen de Fernando Pastorizzo. La mujer rompió en llanto al pedirle perdón por no cuidarla, y también incurrió en alguna que otra contradicción durante su declaración.

Pero durante su testimonio, hizo hincapié en dos cuestiones. Primero, en las marcas que presentaba la joven, las mismas que el ginecólogo había visto en su zona genital. La otra, es la cantidad de llamados que le hacía el joven, obsesionado con su hija.

La mujer dijo que ante las preguntas sobre las marcas su hija no le decía el origen de las mismas y en cambio le daba respuestas como: "Quedate tranquila, no pasa nada". "Ella me decía que no pasaba nada, que me quede tranquila, que no me preocupara. Ella se alejaba de mi. No quería que me arrimarse, me decía que era grande", recordó.

Además, contó la obsesión de Pastorizzo por comunicarse con su hija. "El teléfono sonaba, sonaba, sonaba. El fijo sonaba a las 2 ó 3 de la mañana, atendía y cortaban. El día en que Nahir enía que dar un examen tenía 87 llamadas en 10 minutos. Ella dijo que eran de Fernando", contó. 

Los peritos que analizaron el teléfono de la joven, dijeron que con él había sido la persona con la que más mensajes había intercambiado en toda la historia del celular, lo que condice con esta necesidad continua de estar conectados y lo que refuerza la relación entre ambos. 

Estas dos declaraciones coinciden además, con las de Miriam Duarte la masajista de Nahir y Yamina, quien constató los golpes en brazos y espalda durante una sesión, al tiempo que contó una anécdota con el teléfono. "Me está molestando este boludo, me tiene podrida", le explicó Nahir cuando el celular no le dejaba de sonar. Al igual que a su madre, también le dijo "que era Fernando".