El 18 de enero de 2020, la vida de Graciela Báez quedó suspendida en el tiempo en un "dolor eterno", describió en diálogo con cronica.com.ar. Ese día, recibió "la peor noticia" que a una madre le pueden dar. Un llamado en el que le comunicaban que su hijo Fernando había muerto tras ser atacado a manos de una patota de rugbiers a la salida de un boliche de  Villa Gesell, donde vacacionaba junto a sus amigos.  

Graciela contó que cuando se acerca un nuevo aniversario de la muerte de Fernando, sobrellevar el dolor se hace más complicado, en todos los aspectos de la rutina diaria. Incluso para conciliar el sueño. "Estoy casi sin dormir", dijo al comienzo de esta entrevista.

"El tiempo no pasa para nosotros, es como si fuese ayer que recibimos la peor noticia", dijo a este medio. Ese llamado marcó para siempre un antes y después "de dolor y tristeza" en su vida y en la de su marido Silvino. 

"Son días muy difíciles, tratamos de sobrellevarlo con calma porque esto recién empieza", expresó. Cada día es un desafío por atenuar el sufrimiento mediante la búsqueda de distintas actividades. Tanto ella como su marido se apoyan en sus trabajos, ella al cuidado de adultos mayores, y él como encargado de un edificio, para mantener sus "mentes ocupadas".

"No es fácil por lo que estamos pasando, tratamos de ser fuerte pero por dentro estamos destrozados", remarcó. 

A dos años del salvaje asesinato, Graciela dijo que "sigue sin aceptarlo". "Eramos una familia muy feliz, y de repente nos quedamos acá solos. La pregunta que me hago siempre es la misma: ¿Porque me pasó esto?", expresó. Un interrogante para el que aún no encuentra respuesta. 

Pese al dolor que los invade, este 18 de enero los padres del joven convocaron a una marcha y anunciaron que por primera vez viajarán al lugar del homicidio, en la ciudad balnearia de Villa Gesell. "Ir a ese lugar va a ser muy fuerte", sostuvo a este medio. 

Fernando junto a Graciela. 

Actualmente, los amigos que estaban con Fernando al momento del ataque que terminó con su vida el 18 de enero de 2020 a manos de una manada de rugbiers, siguen sus estudios y al día de hoy "no quieren hablar del tema".  

Graciela también está en contacto permanente con Julieta Rossi, quien era la novia de Fernando. Eran compañeros del mismo curso pero distinta división, "y después empezaron a salir". 

"Eran muy felices, se llevaban muy bien", dijo Graciela. Hacía un año que Julieta y Fernando estaban saliendo, hasta que el ataque fatal se interpuso entre sus planes. "Está tratando de sobrellevar este dolor, le cuesta mucho", dijo. Aún así, la joven continúa sus estudios y se está preparando para ingresar a la facultad de Derecho.

"Era el gran amor de mi hijo, y siempre la voy a querer", agregó Graciela.

"Fernando fue un regalo del cielo"

En 1995 Graciela llegó a la Argentina, en donde decidió instalarse luego de conseguir trabajo. Al poco tiempo conoció a Silvino, casualmente oriundo del mismo pueblo paraguayo de dónde provenía ella.

Tras unos años de noviazgo, Graciela quedó embarazada, hecho que consideró "un regalo del cielo". El nacimiento de su primer y único hijo llenó de alegría el hogar, contó. "Nuestra vida cambió por completo", remarcó. A ese bebé que venía en camino, antes que nazca decidieron bautizarlo Fernando en homenaje al protagonista de una novela exitosa de la que ella era fanática en ese entonces. 

"Desde que nació, no nos dio más que orgullos y alegrías", detalló Graciela, quien recordó a su hijo "como muy aplicado y buen compañero".

Fernando fue becado en el colegio Marianista donde hizo la secundaria. "Era muy querido, tenía muchas amistades", describió Graciela.

La última foto que Graciela le tomó a Fernando, antes de ser asesinado:

Con una sonrisa y las manos en los bolsillos, en el palier del edificio en el que vivía junto a su mamá y su papá. Era un 10 de enero de 2020, alrededor de las tres de la tarde. Graciela había cambiado el horario de su trabajo, para poder despedirlo en su segundo viaje de vacaciones que hacía con amigos. Esa vez, había pensado no molestarlo pidiéndole que posara para la foto, cómo hacía desde que Fernando era chiquito: "Preferí dejarlo tranquilo". Sin embargo, Graciela recuerda que él la sorprendió con la pregunta: "¿No me vas a sacar una foto?". No alcanzó a terminar la pregunta que Graciela fue corriendo a agarrar el celular. "Posó para mi". También lo filmó de espaldas sin que se de cuenta. Registro que atesora para siempre

La última foto que Graciela le tomó a Fernando, antes de viajar. 

"Nunca imaginé que esa sería la última foto, el último abrazo. De todo era lo último", sostuvo. 

Después lo acompañó a la casa de un amigo de la primaria, que vive a una cuadra de distancia. El papá de ese compañero los iba a llevar hacia Miramar. Luego de pasar unos días, viajaría a Villa Gesell donde compartiría con otros siete amigos de la escuela secundaria Marianista, hasta el 23 de enero. "Lo vi tan feliz, se estaba yendo de vacaciones a disfrutar con sus amigos. Ese día estaba muy feliz, muy sonriente", lo recordó. 

Uno de los grandes sostenes de Graciela y su marido es la Fe. Por eso no hay día que no se encomiende a Dios para sobrellevar el dolor que la invade, casi siempre, inmanejable. Es parte de su rutina impostergable, una vez al día, después de trabajar, entrar a la pieza de Fernando, que está intacta. Después de su partida, sobre un mueble, Graciela acomodó una foto, al lado de una cruz de Jesucristo, junto a un rosario del Santo Padre, y una estampita de la Virgen. "Todos los días entro a darle un beso a la foto de Fer, y a rezar mirándolo", relató.

La foto de Fernando, junto a una cruz y el rosario que le envió el Papa Francisco.

"Siempre trato de rezar para pensar en Dios y que me de fortaleza cuando no la tengo", expresó.

"No existe día que deje de pensar en él", dijo. Por eso, es que en todo momento busca "conectarse a través de los hermosos momentos vividos".

Sea donde sea, Graciela hace una oración para soportar el dolor cuando penetra con más fuerza: "Cuando me agarran muchos bajones es donde más rezo". Además, lo complementa con visitas semanales a la iglesia, "donde encuentra paz"

A su vez, todos los sábados o domingos, "sin falta", siempre junto a su marido, van de la mano al cementerio de la Chacarita donde están enterrados los restos de su hijo. A veces alrededor del mediodía, otros días más cerca de las cuatro de la tarde, emprenden la ida hasta el lugar donde se quedan alrededor de una hora. Se llevan unas sillas para reposar frente a su tumba y le prenden una vela.

"Rezamos y después nos volvemos a casa, tristes, porque uno tiene ganas de sacarlo de ese lugar y traerlo", dijo. 

¿Qué le dijo el Papa Francisco a la mamá de Fernando Báez Sosa?

En julio del año pasado, Graciela volvió a mantener una comunicación con el Papa Francisco. 

"Me hace bien, me da tranquilidad, y paz las hermosas palabras que siempre me escribe, te fortalece el alma y el corazón", dijo sobre el intercambio de cartas que mantuvo con el Sumo Pontífice.

El Papa Francisco le mandó tres rosarios, dos blancos, y uno negro. En la carta que Graciela le escribió "le contaba cómo era Fernando, que era solidario y que hacía obras de bien, y la admiración que tenía por el"

Los libros que el Papa le envió a la madre de Fernando Báez Sosa. 

Es que en julio del año pasado cuando el papa Francisco fue sometido a una cirugía intestinal, Graciela le envió una carta, que para su sorpresa al poco tiempo fue respondida. La misiva llegó a traves de la Embajada Episcopal Argentina. Y el paquete llegó con tres libros que le regaló para que lea.

"En la carta me contó cómo le fue en la cirugía, y me agradecía por las palabras que le había escrito. También me decía que estaba cerca de nosotros y que reza por nosotros", manifestó.

A la espera del juicio, y de que se haga Justicia:

El Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) 1 de Dolores, integrado por los jueces María Claudia Castro, Christian Rabaia y Emiliano Lázzari, dispuso que el juicio oral contra los rugbiers se iniciará el 2 de enero de 2023, con la declaración de más de 130 testigos a lo largo de 22 jornadas, informaron fuentes judiciales.

"Solo espero que se haga justicia y que esto no quede en la nada. Lo mataron de una manera tan cruel que tiene que ser ejemplar, tiene que actuar rápido y ser más severo cuando dicten la sentencia", manifestó Graciela. 

Por el crimen se encuentran detenidos y ya procesados por el juez de Villa Gesell, David MancinelliMáximo Thomsen (20), Ciro Pertossi (20), Luciano Pertossi (18), Lucas Pertossi (21), Enzo Comelli (20), Matías Benicelli (20), Blas Cinalli (19) y Ayrton Viollaz (21), todos ellos considerados coautores del delito de "homicidio agravado por alevosía y por el concurso premeditado de dos o más personas", que prevé la prisión perpetua.

En ese sentido, Graciela se mostró confiada en que "se hará Justicia", y remarcó el rol fundamental que ocupa su abogado, Fernando Burlando, en este camino. "Él es importantísimo, siempre nos da un poco de alegría, nos hacen sentir bien. Ya es parte de nuestra familia", contó Graciela.

Una vez que los rugbiers asesinos sean juzgados, Graciela y su marido no descartan la posibilidad de abandonar la Argentina y volver a Paraguay, de donde ambos son oriundos, y tienen sus familias. "Lo estamos pensando", destacó.

"Ahora la mente nuestra está puesta en el juicio y en la lucha de seguir pidiendo justicia", remarcó. Aún así sentenció que el dolor la acompañará a cualquier lugar al que vayan: "Nosotros estamos muertos en vida, todo lo que hacemos nada tiene sentido, pero al menos calmará un poquito el dolor estar rodeado de familias", expresó.

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