Un hecho atroz vivió un matrimonio de policías, cuando un grupo de delincuentes los interceptó en el momento que llegaban a su casa en La Plata y tras identificarse como uniformados se produjo un forcejeo. Esto provocó la furia de los hampones, que no sólo le gatillaron a ellos sino también a la beba de dos meses. Por fortuna no salió ningún disparo.

A las 2 de la mañana, en la esquina de 17 y 34, llegó una joven pareja de oficiales de policía (él de la Bonaerense y cumpliendo servicio en Dock Sud y ella de 25 años y enrolada en la Local en Ituzaingó), junto a su bebita de dos meses. El matrimonio vive en la localidad de Villa Tesei, partido de Hurlingham, y volvían de pasar unos días de vacaciones en Tandil, pero antes de ir a su casa decidieron ir por La Plata, para ver cómo marchaba la remodelación de una vivienda que compraron justo al lado de la de una hermana del policía.

En el preciso momento en que los oficiales Juan Pablo Reyes y su esposa Mirna bajaron del auto junto a su hijita y se disponían a entrar en la casa, los abordó un grupo de delincuentes. El papá del policía, el constructor Pedro Eugenio Reyes, contó que "mi hijo estaba con la beba en brazos y apenas mi nuera abrió la puerta de entrada, se les aparecieron por la espalda cuatro delincuentes armados". Además de sorprender a las víctimas y encañonarlas, les dieron culatazos en la cabeza a Juan Pablo y a Mirna.

"Ella cayó arriba de un sofá, con las pistolas Bersa de ambos. Él cayó al piso con la beba", recordó Reyes, quien detalló que la pareja se identificó como policías y se produjo entonces un forcejeo. En ese momento, "los delincuentes gatillaron varias veces apuntándoles a mi hijo, a mi nuera y a mi nietita, pero gracias a Dios los disparos no salieron", agregó. Según Reyes, el objetivo principal de la banda era apropiarse de las dos pistolas reglamentarias de la pareja, que Mirna se encargó de sujetar fuerte contra su pecho: "Por eso intentaron que las soltara mordiéndola en el cuello y en los brazos", apuntó el suegro de la joven.

Los delincuentes sólo pudieron llevarse del lugar el arma de Reyes. "No les pudieron sacar ninguna otra cosa", confirmó el papá del efectivo. Algunos testigos refirieron haber visto a los delincuentes subiéndose en un Peugeot 307, de color gris, sin patente, que supuestamente estacionaron a unos cuantos metros.

Juan Pablo quedó dolorido por el fuerte culatazo que recibió en la cabeza y conmocionado por verse junto a su esposa y la beba en riesgo límite, pero su indignación pudo más. Por eso -contó su padre- "tomó la pistola de su mujer, la cargó y corrió detrás de estos `chorros`unos 50 metros, efectuando disparos en la dirección del rumbo que tomaban para escapar".