Un hombre de nacionalidad venezolana, que hace más de cinco años vive con su familia en barrio cordobés de Nuevo Poeta Lugones, pasó un terrible situación cuando tuvo que ser trasladado al Hospital Rawson al sentirse mal y los vecinos creyendo que tenía coronavirus lo hostigaron y amenazaron, aunque se comprobó que el sujeto sólo tenía una úlcera.

“Tuvimos que llamar al médico porque estaba mal y tenía los síntomas del coronavirus. Llamé al seguro. Ellos llegaron a casa y me llevaron al hospital. El médico que me atendió me dijo que no tenía coronavirus, sino una úlcera alterada. Me hicieron el hisopado para que me quedara tranquilo. Me mandaron a casa y no me pudieron dar el resultado en ese momento porque tuvieron que enviarlo a Buenos Aires”, contó José Luis Flores a Cadena 3.

Al regresar a su casa, y a la espera del resultado que finalmente dio negativo, José Luis y su familia comenzaron a recibir audios de Whatsapp de los vecinos en los que pedían que lo metieran preso y otras amenazas.

Sin embargo, las amenazas que sufrió José Luis fueron escalando en violencia y trascendieron más allá de los escraches. Sus vecinos llegaron hasta amenazarlo que le iban a quemar su casa mientras estuvieran durmiendo.

“Tengo dos hijos de 8 años y les tuve que explicar cómo eran las cosas. Llamaban a casa, amenazaban a mi hermano por Facebook e Instagram. A mí no me conocen porque yo trabajo viajando”, sostuvo el hombre.

La víctima hizo la denuncia en la Policía y la Fiscalía interviniente ordenó una custodia permanente en el domicilio de la familia Flores. Si bien aún se desconoce a los autores de los audios, José Luis reconoce con nombre y apellido a dos de los hostigadores.

“A mis hijos les dije que estábamos pasando por un problema y que, si yo tenía que saltar una pared con ellos porque nos venían a hacer daño, que no se asustaran porque yo los iba a sacar de la casa", expresó.

Al ser consultado si se esperaba esta situación de parte de sus vecinos, Flores dijo: “Nunca esperaba esta reacción porque para mí los argentinos son demasiado buenas personas. No me iría nunca de este país".

Luego de atravesada toda esta situación José Luis decidió hacer un posteo en redes sociales y concientizar sobre la “discriminación” que desató el coronavirus.

En su publicación, el residente cordobés contó que recibió amenazas de que le iban a “pintar la casa, romper el auto” y que le dijeron que “tenía que irse” del barrio.

Comunicado de la víctima

“Quiero contarles lo que me pasó, lo que me tocó vivir, porque yo también tuve que luchar contra un enemigo invisible como dice el presidente Alberto Fernández: El prejuicio, la discriminación y el miedo en primera persona. El pasado miércoles comencé a sentirme muy mal: dolor de garganta, vómitos con sangre, diarrea, eran algunas de las dolencias que tenía. Incluso tosía todo el tiempo.

El día jueves, al continuar con el mismo malestar decidimos llamar al médico. Se hizo presente en mi domicilio una ambulancia de Ecco. Los médicos, recomendaron que me dirigiera a una clínica y que no quedara en mi domicilio. Primero recomendaron la clínica Aconcagua (Ya que la cubría mi obra social) no atendían, luego la clínica Suquía, tampoco atendían por lo que mi familia me llevo al Rawson.

Una vez en el hospital los médicos hicieron el control correspondiente preguntando que tenía, que sentía. Me indican los profesionales que no tengo los síntomas de la enfermedad del coronavirus 2019 (COVID-19). Sin embargo, por protocolo, los médicos manifestaron que iban a realizar el hisopado ya que yo había estado en Uruguay 15 días previos al malestar (Aun sabiendo que en el momento en que regrese de dicho país, el mismo no era considerado de riesgo) iban a realizarlo.

Me hicieron radiografías, ecografías, fui diagnosticado con una ulcera (He vivido una situación complicada, trabajaba en Uruguay, en telecomunicaciones y al regresar en Aduana me retuvieron el auto, aun esta allá, este disgusto sin dudas ha afectado a mi organismo).

El día jueves, al regresar del hospital me encontré con algo que no esperaba y que me dolió y preocupó aún más que una ulcera (hoy en día en todos los barrios existen grupos de WhatsApp, son una red de contención, muchos publican sobre urgencias, sobre perros perdidos, y en estos días en algunos casos se ha vuelto una compañía durante esta inédita curantenta) en los grupos de WhatsApp del barrio donde vivo, uno donde está la policía y el otro donde solo están los vecinos, comenzaron a decir que había una persona que estaba contagiada de la enfermedad del coronavirus 2019 (covid-19); dieron los datos completos de mi domicilio, indicaron que si yo no respetaba la cuarentena que por favor fuera denunciado.

La noticia como un virus comenzó a propagarse y lo que empezó en el grupo del barrio se viralizó, llegó a los famoso grupos donde están las mamás de un colegio, entre otros. Comenzamos a recibir llamadas al teléfono fijo, mensajes. La misma noche del jueves, un familiar fue a la comisaria de Poeta Lugones, ya que estábamos asustados y preocupados, para hacer una exposición de lo sucedido. No quisieron recibirnos dicha exposición, le indicaron que llamáramos por teléfono al 101.

Al regresar al hogar, hicimos el llamado al 101, explicamos la situación. Nos enviaron un patrullero para que controle por la noche, para que estuviéramos tranquilos ya que éramos amenazados. Esa noche no sucedió nada. Por la mañana recibí mensajes donde se manifestaba que iban a pintar nuestra casa para marcarnos, que nos iban a romper el auto, que teníamos que irnos.

Mi hermano Winder es conocido ya que trabaja en una casa de comidas de renombre en el barrio por lo que también comenzó a recibir llamadas, mensajes de todo tipo en las redes sociales. Un acoso que sólo habíamos podido vislumbrar alguna vez en películas.

No hicimos nada, esperamos, sabíamos que el resultado iba a ser negativo, pero en tiempos donde se nos pide que seamos solidarios, jamás imaginamos que, si alguien llegara a vivir una situación tal, si llegara a estar enfermo, si llegara a tener esa dolencia, debería pasar por lo que pasamos. El estar marcados, amenazados y para nada acompañados, ni siquiera nos animábamos a salir a comprar alimento.

Escribo esto porque quiero que se sepa, que quede claro que no tengo la enfermedad del coronavirus 2019 (covid-19), para que nos dejen en paz, nos dejen entender esta realidad que a todos nos aqueja, algo nuevo que nadie ha vivenciado. Adjunto a esta publicación el estudio que confirma dicho resultado.

Publico estas palabras para también evidenciar que he sufrido un daño moral y un perjuicio que lo haré valer sin lugar a dudas, mediante las acciones tendientes a lograr un resarcimiento ejemplar en contra de quien persista con este temperamento.

Por otro lado, tratándose de personas que compartimos socialmente recomiendo a mis vecinos tengan a bien revisar su actitud por una cuestión de mejor convivencia. Si es como dicen que al coronavirus lo vencemos entre todos, al prejuicio también.

Quiero que sepan aquellas personas que estén pasando por esta enfermedad, que no están solos, que no todos hacemos a un costado o excluimos a quienes nos necesitan, aun creo que estamos los que acompañamos, entendemos, ayudamos, porque si no, por más vacuna que encuentren, si no dejamos de cometer este tipo de actos, todo es en vano”.

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