Por Matías Resano
mresano@cronica.com.ar

Los pequeños alumnos del Jardín de Infantes N° 935, de la localidad bonaerense de Avellaneda, sufren la interrupción de sus clases porque el establecimiento es blanco de robos y de vandalismo.

A pesar de que han pedido mayor seguridad a las autoridades municipales, el lugar se encuentra desprotegido y, este lunes, la comunidad educativa se manifestó en reclamo de medidas que los protejan.

El último de los robos fue el martes pasado, cuando docentes, directivos y padres tomaron conocimiento de un nuevo robo violento, en las instalaciones del Jardín de Infantes N° 935. Se trató del tercer hecho delictivo en el transcurso del año y el noveno desde su inauguración en 2013.

En esta ocasión, los delincuentes se apoderaron del equipo de música, el dinero de la cooperadora y del material didáctico que los niños utilizan. Por si fuera poco, provocaron destrozos de magnitud, como roturas de vidrios y de bienes muebles, y forzaron las rejas perimetrales.

Respecto de este aberrante suceso, Celeste, mamá de un pequeño, aseguró a "Crónica" que "esa mañana me encontré con el amontonamiento de madres y maestras llorando. Estamos desesperados porque no nos dan soluciones".

Y agregó: "Nos habían prometido que representantes de la Secretaría de Seguridad del municipio venía al jardín para hablar con nosotras y planificar soluciones. Pero brillaron por su ausencia".

Por lo tanto, el grupo de padres de la comunidad escolar se manifestó en la tarde en la intersección de Arredondo y Lynch, a pocos metros del jardín de infantes, exigiendo acciones de prevención que frenen la ola delictiva que padecen desde hace muchos años.

La instalación de una garita policial y la presencia de un sereno constituyen las principales demandas de los padres, ya que "tenemos un puesto de la policía local a la vuelta pero ni se enteran de los robos. Además, el sistema de alarmas no sirve, porque, antes de entrar, los ladrones cortan la luz".

Un panorama desolador porque los propios padres tienen identificados a los responsables. "Tenemos bronca, porque hasta nosotros sabemos quiénes son los que entran y roban, pero no hacen nada, y a la vez impotencia, porque es muy triste que los chicos pasen por esto", reconoció Celeste.

"Mi hijo está muy preocupado, se da cuenta de lo que pasa y hasta me dice: Má, hay que atrapar a los chorros. No se olvida más cómo lloraban sus maestras cuando fue el último robo", concluye la mujer con dolor.