El Tribunal de Juicio y Apelaciones de Gualeguaychú consideró que el abogado Gustavo Rivas, condenado este miércoles a 8 años de prisión por un caso de abuso de menores y absuelto en otras 11 denuncias, "convirtió a esos niños en sus fetiches y objetos de placer sexual".

Los jueces Alicia Vivian, Arturo Dumón y Mauricio Derudi consideraron al leer el veredicto que "los hechos existieron y Rivas fue su autor", pero lo absolvieron en uno de los casos "por el beneficio de la duda", otro porque el denunciante desistió y en los nueve restantes por "prescripción".

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Los tres magistrados señalaron que los relatos de las víctimas tenían "verosimilitud" y fueron "lógicos, razonados, sin contradicciones, sólidos y espontáneos, sin motivos que hicieran dudar" de los mismos.

Además, durante las audiencias percibieron en las víctimas "emociones, gestos y palabras donde no había venganza sino la búsqueda de paz que da la revelación de hechos traumáticos que los marcaron a fuego cuando eran niños".

"Todos los relatos resultaron compatibles, comprobables, creíbles y veraces", aseguraron los jueces, quiénes confirmaron que durante el juicio se tomó "la mirada del niño y no del adulto que es hoy" con respecto a cada uno de los denunciantes.

Los abusos "acontecieron en el interior de las viviendas de Rivas, principalmente los viernes y sábado por la noche a lo largo de los años y hasta 2011", indicaron y refirieron que "todas las victimas contaban con menos de 18 años".

Para el Tribunal, Rivas buscó mostrarse como "un hombre destacado y referente social" para "ingresar a ámbitos de menores donde sin reparo orientaba su accionar a niños de edades tempranas".

A través de "otro menor que actuaba como nexo", les ofrecía "dinero, alcohol y películas pornográficas como una picardía o juego", señalaron en la lectura del fallo. 

Una vez en su casa los advertía al mostrarle "una lista y fotos con sus nombres para mantener la dependencia y el secreto" de los menores "sometiéndolos a graves abusos", añadieron. 

Los jueces aseguraron que Rivas "convirtió a esos niños en sus fetiches, en sus objetos de placer para alcanzar su propia satisfacción sexual", al condenarlo a ocho años de prisión por promoción a la corrupción y prostitución de un menor de edad, delito que tiene una pena que va de 4 a 10 años.

En ese caso, el Tribunal determinó que Rivas fue autor de "actos sexuales orales y de penetración por un extenso lapso de tiempo, iniciados entre los 12 y 13 años del menor".

Los jueces decidieron "no hacer lugar a la prisión domiciliaria" y determinaron "la libertad del imputado durante el trámite procesal".