“Los asesinos de mi papá se fueron de boliche y pagaron un Vip con la plata que nos costó trabajar” sostuvo conmovida e indignada Antonella Scriva, la tercera de los cuatro hijos que “El Tano” Sebastián. 

A Scriva lo mataron de un tiro en el pecho para robarle la plata del alquiler del local donde funciona su pizzería, ubicada en el cruce de General Madariaga y Portugal, en el sur del conurbano bonarense.

 
 
“El Tano” era pizzero de toda la vida, se había caído y levantado varias veces, y sus vecinos habían sido testigos fieles de su lucha constante: de cómo en los 90 dejó a su mujer e hijos para irse a trabajar con sus familiares en Alemania y volver con algo de plata.

En la crisis del 2001, perdió la pizzería de Temperley que le había comprado a su ex patrón a pagar en cuotas y pasó a estar de madrugada frente a los boliches de Ezeiza vendiendo con un chango empanadas y hamburguesas.
 
La gran oportunidad se la dio Felisa, la vecina de la cuadra, que le alquiló el local donde hoy funciona "Seba" y luego, también la propiedad de al lado para ampliar el negocio y hasta vender helado.